En pleno auge del cine iraní, y con un Mundial en vistas (aquel Deutchland ’06 en que ni siquiera llegamos a cuartos), Jafar Panahi se llevó de calle al jurado de la Berlinale con una cinta arriesgada. En «Offside» («Fuera de juego»), un grupo de chicas trata de burlar la rígida vigilancia de la Policía antivicio vistiéndose de hombre para cumplir su sueño de presenciar un partido de fútbol. Muchas cosas han cambiado desde aquel 2006: España pulverizó al fin, y de largo, la barrera de cuartos y Panahi vive bajo arresto domiciliario en Teherán. El tiempo no ha suavizado, en cambio, el catecismo de los ayatolás y el balompié en la vieja Persia (y no es ni mucho menos el único caso) sigue siendo terreno vedado para la mujer. Nunca fueron bienvenidas las féminas a este espectáculo de origen masculino, al menos no hasta hace 40 años. A partir de ahí, en Europa, su presencia en las gradas e incluso sobre el césped no ha hecho sino ir creciendo. Ya no están fuera de juego.
«Los hombres asisten más que las mujeres a los espectáculos deportivos, pero esa distancia se va reduciendo», asegura José Luis Paniza, experto en Sociología del Deporte de la Universidad de Granada, quien nos facilita los últimos datos de la encuesta del CIS y el Centro Superior de Deporte (CSD) en relación a este asunto. Así, en 2005, casi el triple de hombres que de mujeres asistían a espectáculos deportivos; cinco años después, en 2010, la brecha era ya sólo del doble. El fútbol, en concreto, ha visto aumentar de manera vertiginosa la presencia femenina en las gradas. Tanto es así que investigaciones a nivel mundial llegan casi a equiparar a ambos sexos en su seguimiento del deporte rey. Un estudio de la empresa Sport+Markt se atrevió incluso a cuantificar en 300 millones de mujeres el número de seguidoras, lo que supondría un 38 por ciento del total de aficionados. Según este informe, las mujeres de menos de 30 años, con alto poder adquisitivo y un pelín «shopping adictas» serían el perfil ideal de la hinchada femenina.
La presencia masiva de ellas en el campo no sólo cambia la fisonomía del graderío, sino que se cuela por todas las rendijas del macronegocio futbolístico. Sin ellas no hubiera sido posible el llamado «efecto Beckham» o el «efecto Cristiano», realidades que trascienden el aspecto meramente deportivo y que cotizan al alza en segmentos como la moda, las revistas, etc. Todo un nuevo continente de oportunidades comerciales para un deporte que ya hace tiempo es pura macroeconomía.
Hinchada cívica
En España, un 28% de mujeres compró entradas para el fútbol en 2010 frente al 49% de hombres. Su asistencia a los estadios ya no se contempla como una rareza y el viejo estribillo de la Pavone –«¿por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas?»– caducó años ha. La hinchada femenina tiene fama de cívica y en muchas ocasiones una repercusión más bien folclórica en los medios de comunicación. Basta echar un vistazo a los diarios deportivos, trufados de despampanantes hinchas europeas festoneadas con los colores de su equipo. «Todavía persisten en el proceso de socialización de la mujer el desarrollo de roles idealizados de feminidad que alejan a la mujeres del interés por el deporte; existen grupos de referencia, modelos de rol y valores bien diferenciados para hombres y mujeres que podrían ser modificados rompiendo con los estereotipos masculinos y femeninos», señala Paniza.
El prejuicio contra la mujer se exacerba cuando son ellas las que campan sobre el césped. El interés totalizante por las ligas europeas y su «star system» lastra el desarrollo del fútbol femenino, que se sitúan un peldaño por debajo de la práctica de otros deportes por parte de ellas. Lo explica nuestro experto: «Para muchas españolas, la práctica del fútbol no se adecúa a la noción dominante de feminidad, especialmente en este deporte considerado tradicionalmente masculino». Algo que no ocurre, por ejemplo, con deportes como el hockey, el tenis o incluso el baloncesto.
El balompié femenino, que hasta los 70 sólo se había dado en su versión más «friky» no se institucionalizó con una liga nacional hasta el año 88. Desde entonces, apenas estrellas emergentes como la «Ronaldinha» han logrado captar la atención del público y, en ese caso, de forma coyuntural y superficial. En 2013, Suecia acoge la Eurocopa femenina, ¿una oportunidad para desmarcarse del «mainstream» masculino?
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