La fotografía
Estamos en plena crisis económica global. Sin embargo, en Ceuta, al ser endémica, parece como si no le afectara. Es como a una persona enferma que se le detecta una nueva dolencia. Se trata de algo más. Algo sin importancia, dado el estado general del paciente. Incluso hasta las cifras de paro parecen favorables, al no aumentar. Aunque claro, si partimos de que somos los de mayor porcentaje de desempleados respecto a la población activa, de todo el país, entonces nos daremos cuenta que seguimos a la cabeza.
Se ha hablado mucho respecto a las causas de nuestra crisis económica. El comercio, el vecino país, el desarme arancelario, los precios de los transportes públicos. Pero a veces una imagen vale más que mil palabras. Y esto es lo que ocurrió cuando estaba viendo la serie gráfica hecha por un joven fotógrafo de prensa, que intentaba captar el trasiego de gentes que van y vienen por la frontera del Tarajal. La instantánea captó el anuncio \’Ceuta, ciudad de compras\’. Y justamente debajo, una pobre mujer minusválida que portaba en un carro, además de su muleta, un enorme saco de productos comprados en Ceuta, y unas cuantas cajas más. Con ello pretendía pasar a Marruecos y con las ganancias de la reventa, obtener un pequeño sustento para ella y su familia. Esta es la triste realidad. Esto es lo que ha quedado de aquella ciudad de compras de hace dos o tres décadas, en la que los visitantes de la península se contaban por miles y los bazares por cientos.
Pero hoy la situación es algo distinta. El comercio está en crisis permanente. Ya solo busca la tan ansiada subvención, o la rebaja en las cotizaciones a la Seguridad Social. La industria es inexistente. Las empresas que podrían crearse al amparo de las reglas de origen, ni se conocen. Y las pocas que existen, están bajo sospecha de investigaciones periodísticas y policiales.
Hace unos meses se presentó el avance del estudio que, desde la Universidad de Granada, se está haciendo sobre el impacto que el desarme arancelario de Marruecos tendrá sobre la economía de Ceuta. Lo que entonces se decía era que el total de importaciones que se hacían a nuestra ciudad representaban un 68% del PIB local. Asimismo se estimaba que cerca de la mitad de dichas mercancías se destinaban al comercio con Marruecos vía frontera del Tarajal. El problema era ver si dichas importaciones tenían mucho impacto en nuestra economía, y si era así, cómo influiría una eventual disminución como consecuencia del referido desarme arancelario.
De los datos globales disponibles en los anuarios económicos ya se había estimado con anterioridad que una disminución de las importaciones tendría consecuencias negativas sobre el empleo local y, por tanto, sobre el crecimiento económico. Solo falta ver, o estimar, cuánto van a disminuir dichas importaciones como consecuencia del desarme arancelario, para así hacernos una idea del impacto que tendrán sobre nuestra economía.
Pero, independientemente del resultado del estudio, lo sensato sería ir preparándonos para varios escenarios. El mejor. Que dicho desarme arancelario no implicara un descenso de las importaciones y, por tanto, todo quedara igual. En ese caso, la crisis del comercio, y de la economía local, seguiría estando como ahora. Es decir, muy mal. El peor. Que el desarme arancelario implicara un descenso de las importaciones y, por tanto, que se agravara aún más la pésima situación económica.
En cualquiera de los dos casos, está claro que las medidas han de adoptarse desde ahora mismo. Para ello hay varias alternativas. La primera. Seguir como una economía de tipo colonial, es decir, viviendo de la subvención pública y del Estado. La segunda. Plantearse un cambio de modelo económico que gire en torno a las nuevas tecnologías, la formación, el turismo de calidad y el comercio de vanguardia. Y todo ello ayudado por el ingreso en la Unión Aduanera. Y por supuesto, comprender que Marruecos no nos va a poner el asunto fácil, por lo que se hace necesario que nuestro desarrollo económico mire más a la península, y a otros países, para así hacerlo depender de variables más controlables. Pero para ello, se hace imprescindible la creación de una mesa por la economía, en la que los agentes sociales y las Administraciones se pongan a hablar. El problema es que, ni en la Plaza de los Reyes, ni en la Plaza de África están por la labor, pues, en el fondo, lo que desean es que todo siga igual. Por ello, quizás lo que habría que hacer es plantearse otras alternativas al margen de estos políticos mediocres.
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