La grandes redes del hachís dan paso a bandas que hacen ‘pases’ concretos
Las redes que se dedican al tráfico de hachís procedente de Marruecos están sumidas en un proceso de desorganización que queda reflejado en que las bandas optan por proyectos o ‘pases’ puntuales antes que establecer organizaciones “poderosas, permanentes y jerarquizadas”, como se ha concebido tradicionalmente.
El profesor Juan F. Gamella, adscrito al departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada, UGR, desvela esta transformación en el negocio del cannabis tras el análisis que ha realizado de esta actividad ilegal junto a María Luisa Jiménez Rodrigo, investigadora postdoctoral y ahora profesora en la Universidad de Sevilla.
“El más grande que nos hemos encontrado son 94 toneladas que se llevaron de Asilah, en la costa marroquí, a Galicia oculto entre una carga de pescado”, pone como ejemplo Gamella. Sin embargo, según explica el autor, “parecía más bien un grupo que se coordinaba para hacer pases concretos”.
La colaboración del reino alauí con la Unión Europea, UE, y Naciones Unidas, ONU, ha propiciado que este narcotráfico disminuya de forma considerable. Una producción de resina de hachís que, una serie de países europeos, han sustituido por el autocultivo, es decir, por la plantación doméstica de plantas de marihuana, materia prima de la que se extrae la resina una vez recolectadas, apaleadas y filtradas sus ramas y la sustancia que portan. No obstante, Marruecos suministra el 70 por ciento del hachís que se consume en Europa, según la UGR.
Los investigadores sostienen que la economía del norte del reino alauí depende, de forma importante, del comercio de cannabis hasta el punto de convertirse en una “sociedad de contrabandistas tanto de personas como de mercancías y productos manufacturados marroquíes”, con múltiples enlaces con el “negocio inmobiliario de la Costa del Sol, los bancos offshore de Gibraltar, Ceuta y Melilla y las organizaciones de contrabando”.
Ambas ciudades autónomas son “enclaves cruciales” para el control del narcotráfico y la inmigración, continúa el trabajo de los profesores, cuyas fronteras establecen una de las “más profundas diferencias socioeconómicas y culturales del planeta” ya que, de forma paralela a la afluencia legal e ilegal de personas, se desarrolla un movimiento de drogas, dinero y otras manufacturas.
Gamella y Jiménez Rodríguez también abordan la financiación del terrorismo a través del narcotráfico de hachís. “Cada vez existen más evidencias de que las células de carácter islamista están implicadas en el comercio de hachís en Marruecos y España”, figura en el estudio, además de aludir a los atentados que se sufragan con el dinero del hachís, los más importantes en Casablanca, en mayo de 2003, y en Madrid, en marzo de 2004.
Entrada de la cocaína de Colombia
El libro ‘A cannabis reader: global issues and local experiences’ apunta a los contactos entre los barones marroquíes de la droga con los cárteles colombianos de la cocaína como puerta de entrada de parte de esa droga a Europa. Los investigadores recuerdan la figura de Yakhaoufi, capo del hachís arrestado en 1995 y fallecido en 1998, quien mantuvo relaciones con este país sudamericano y permitió que la cocaína penetrara las fronteras del reino alauí para su posterior distribución en Europa. El informe de la UGR también apunta a las presuntas relaciones comerciales que mantuvo con el régimen de Fidel Castro, tal y como alardeaba Yakhaoufi. En cuanto a sus actividades relativas al hachís, partía de Tetuán a España para su venta en Amsterdam. La figura de H´Midou Dib, quien embarcaba la droga en Tánger, revela las conexiones entre los traficantes y el Gobierno marroquí, según el trabajo de Gamella y Jiménez Rodríguez. Incluso el periódico francés ‘Le Monde’ informó de conexiones con el séquito real.
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