Ángel Esteban rescata un libro de Juan Montalvo sobre El Quijote
El profesor granadino de Literatura Hispanoamericana publica Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, una emulación de su obra
sole miranda
obra. Ángel Esteban, con la edición del libro de Montalvo.
JESÚS ARIAS
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granada. La celebración del IV Centenario de la aparición de Don Quijote de la Mancha ha servido no sólo para volver a catapultar la mejor novela de la literatura española, sino para rescatar del olvido a personajes absolutamente desconocidos. Ése es el caso del ecuatoriano Juan Montalvo, un ensayista y comentarista político ecuatoriano del siglo XIX (nació en 1832 y murió en 1890) que dejó, entre sus papeles póstumos, un libro de gusto exquisito: Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, una novela de aventuras escrita a modo de El Quijote en la que arremetía contra personajes contemporáneos de la época de Montalvo. Ángel Esteban, profesor titular de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Granada, ha rescatado la obra de Montalvo y la ha publicado en una edición crítica. Es el retorno de otro Quijote.
La vida de Montalvo es bastante peculiar, explica Esteban. Era un liberal del siglo XIX que estaba en contra del Estado teocrático que se había implantado en Ecuador. Tuvo que exiliarse varias veces. En 1875 se le ocurrió escribir esta obra, pero se la guardó para sí. No creía que pudiera llegar a la altura de Miguel de Cervantes.
Capítulos que se le olvidaron a Cervantes es una continuación de El Quijote, como si se tratase de capítulos perdidos de la novela original. Juan Montalvo los aprovechaba para lanzar puyas a sus enemigos políticos e introducir entre sus páginas elementos de la cultura ecuatoriana.
Montalvo criticó durísimamente al dictador Gabriel García Moreno, impulsor del Estado teocrático en Ecuador, a quien convirtió en la novela en el Conde de Briel Gariza Huagrahuasi, segundo apellido que, en quechua, significa casa de los cuernos. En la novela, la mujer de este conde acude al Quijote en demanda de ayuda, ya que su marido la ha encerrado en un convento y le ha hecho pasar por muerta para poder casarse en segundas nupcias con una sobrina de ella. De ese modo narraba Montalvo un episodio real de la vida del dictador. Otro de los personajes peor parados es otro dictador, Ignacio de Veintemilla, un hombre que sufrió el exilio junto a Montalvo pero que, al regresar y hacerse con el poder, persiguió al ensayista. En uno de los episodios, Don Quijote y Sancho Panza se encuentran de pronto en Sierra Morena el cadáver de un hombre pudriéndose colgado de un árbol. Don Quijote comenta que debe tratarse de un malhechor y un corruptor, pues sólo esa clase de gente recibe tales castigos. Luego concluye: Seguro que es Ignacio de Veintemilla.
El libro se compone de 60 capítulos que tratan los aspectos más interesantes del verdadero Quijote, comenta Ángel Esteban. Imita muy bien el lenguaje de la obra de Cervantes y los valores como la penitencia o la búsqueda de aventuras. Para Juan Montalvo, el castellano del Siglo de Oro era el idioma más rico de la Tierra, pero fue empobreciéndose con el paso del tiempo y con la influencia del francés.
Juan Montalvo nunca pretendió remedar El Quijote. Él afirmaba que el estilo de Cervantes era inimitable, que la obra en sí era inimitable. Lo que Montalvo hizo en realidad fue realizar un ensayo. No lo consideraba una novela, comenta el profesor de Literatura Hispanoamericana.
La obra tiene un prólogo de 12 capítulos que es todo un tratado de teoría literaria. Ahí habla Montalvo de las influencias, de los plagios y cita a los mejores escritores que ha habido a lo largo de toda la literatura española.
El libro apareció finalmente, en una edición póstuma, en 1895, cinco años después de la muerte de su autor. Ahora, por primera vez, aparece en España con un texto crítico y los capítulos comentados. Lo que he querido hacer, señala Ángel Esteban, autor de libros de éxito como Gabo y Fidel o Cuando llegan las musas es un repaso por toda la obra de Montalvo, un personaje muy refinado que sentía auténtica pasión por los clásicos grecolatinos y por el Siglo del Oro. Él tenía una gran preocupación por la lengua española. Siempre quiso pertenecer a la Real Academia Española de la Lengua por su gran conocimiento de los arcaísmos. Pero nunca lo consiguió. Al menos, le dejó un exquisito apéndice a El Quijote.