federico vaz
Camada gris
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LA Universidad de Granada y sus pupilos nos han dado la semana. Difícil delimitar entre ambos con la jerarquía académica entre el no sabe y el no contesta frente a las conductas de aquellos a quienes cobra matrícula. Uno no sabe ya si vio a David Aguilar disfrazado de San Lucas, si el arzobispo Martínez gastaba novatadas a los alumnos de Teología o si en el botellón de Medicina contra Derecho los participantes desmontaban la rotativa de Patria mientras la decana de Biblioteconomía gritaba improperios a Manuel Fraga. Lo que parece claro es que nos enfrentamos a la generación arrasada por la Logse; ha invadido la Universidad tirando huevos a las fachadas sin que la institución ni sus responsables respondan a la trivialización y el embrutecimiento instalados en sus aulas.
Todo empieza con la rotativa en la chatarra. A la ola de indignación nostálgica antepongo la alegoría: se elimina un símbolo del viejo periodismo para dejar sitio a una amorfa facultad que lo reemplaza por el magma audiovisual, fútil e insustancial, que hará de los hijos de la Logse aves de presa acosando con sus focos y micrófonos las camas de las moribundas. Es el futuro, no el pasado del periodismo el que ha ido al desguace.
Siguió la gran becerrada, la generación arrasada vocifera ante el que piensa distinto: le tocó el turno al senador Fraga, como antes al lehendakari o a Carrillo –detesto la grosera coartada de que antes fueron otros quienes gritaron–. Lo grave no sucedió en Políticas, sino en la rueda de prensa en que el Sindicato de Estudiantes, que imagino dirigido por Josef Goebbels, justificó –¿cómo pasaron la Selectividad con tamaña pobreza de ideas?– los insultos y los gritos en que si un representante del pueblo habla en la Universidad es para provocar. Uno se pregunta si las autoridades educativas pueden seguir considerando interlocutores a estos nazis.
Fin de fiesta –involuntariamente– para el pobre San Lucas, quien al escribir su Evangelio no soñaba ser patrón de borrachos lanzahuevos tan jóvenes como antiguos, rancios como un Cabrales en su estúpida apelación a la tradición. ¿Fin de fiesta? ¡No! En eso llegó Martínez, llegó el arzobispo y mandó callar. Si los rojeras de los jesuitas hablan de bioética a los seminaristas, cruzada contra la Facultad de Teología al canto, ya se buscarán alternativas más fieles al catolicismo cavernario. Ahora que sé cómo se las gasta la generación criada con la Logse, miedo me da imaginar a los curas surgidos de una clase de teología impartida por los kikos.
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