Continúa el entierro del alpeorujo
Á. C.
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granada. Los trabajos para enterrar las dos balsas de alpeorujo que se encuentran en las cercanías del paraje de Raja Santa continúan incesasntes en los últimos días tras la denuncia presentada por Ecologistas en Acción que alertó del riesgo de que pudiera afectar en un futuro a los acuíferos de la zona.
Varios camiones transportan a diario toneladas de tierra y escombros que son arrojadas a las balsas con una superficie aproximada de una hectárea cada una, es decir, la extensión de un campo de fútbol.
El problema, según denunció el colectivo conservacionista, es que se está procediendo al enterramiento de la balsa sin sacar previamente el alpechín almacenado, circunstancia que pueda provocar filtraciones sobre las aguas subterráneas.
Los ecologistas están convencidos de que el terreno es muy permeable, opinión compartida por los expertos del Instituto del Agua de la Universidad de Granada, por lo que en su día dieron parte a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, organismo del Ministerio de Medio Ambiente.
Precisamente, se ha barajado la psoibilidad de que las balsas de alperujo sean el origen de la contaminación en la sima de Raja Santa aunque esta hipótesis tampoco se ha podido demostrar.
Una de las dos balsas se encuentra a escasos metros del yacimiento arqueológico de Medina Elvira, considerado Bien de Interés Cultural. Según denunció Ecologistas en Acción, en ambas balsas se venía arrojando en los últimos años millones de litros de alpeorujo procedentes de la elaboración del aceite.
Para dicho colectivo, que ha pedido responsabilidades a la administración, la situación actual resulta alarmante teniendo en cuenta que se está atravesando un periodo de sequía que obligará a utilizar los recursos de los acuíferos no sólo para riego sino también para abastecimiento humano, una reserva que debe considerarse como un bien estratégico.
Granada es una provincia privilegiada por la gran cantidad de acuíferos, al menos treinta y cinco, que ocupan una superficie de 4.000 kilómetros cuadrados y almacenan 1.120 hectómetros cúbicos. Los ecologistas exigen más controles para evitar que pueda afectar al consumo humano.