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Crucerode intenciones estéticas

Crucero de intenciones estéticas.

El Crucero del Hospital Real acaba de reabrir el debate sobre los planteamientos del arte contemporáneo, sobre sus posibilidades, su materialización y sobre las herramientas comunicativas heredadas del pasado. El Retablo de las Maravillas, un tí­tulo intencionadamente alejado del concepto vanguardista que sustenta las nuevas propuestas, es el elegido por la Universidad de Granada para mostrar al público lo mejor de su colección de arte contemporáneo, constituida por más de 650 piezas que han sido donadas por los creadores a la institución académica desde el año 2000.

El guiño cervantino que da nombre a esta propuesta sintetiza perfectamente el epicentro argumental del que nace, una reflexión profunda sobre las motivaciones y las soluciones estéticas de los autores de hoy. El arte contemporáneo es un discurso colectivo, pero está lleno de individualidades. í‰sa es precisamente su conexión con el Barroco, que también es un arte ensimismado; un arte que, como recordó el director de exposiciones de la Universidad y comisario de esta muestra, Antonio Martí­nez Villa, tiene una de sus máximas expresiones en retablos como los que sustentan las piezas de esta propuesta.

No es sólo el tí­tulo de esta muestra el que se implica en el juego de la paradoja. También el montaje de las obras: marcadamente agresivo en cuanto a cantidad de impactos visuales, se ha diseñado con el propósito de vapulear al espectador.

El retablo, explica el comisario, recupera su función como contenedor de obras que hablan, o casi, de un mismo tema. Y de este modo se han distribuido los dibujos, fotografí­as, pinturas, esculturas, instalaciones y piezas audiovisuales que otorgan versatilidad a la exposición. A juicio de Martí­nez Villa, la posición estratégica de las piezas permite a quien las contempla aislarlas del resto de creaciones, pese a su proximidad y a su vinculación temática.

Repartidas por las cuatro salas de la planta, muchas de las obras de la exposición pueden ser reconocidas por quienes frecuenten las inauguraciones que dan vida a la ciudad durante todo el año. Nombres consolidados, como Vicente Brito, Jesús Zurita o Santiago Ydáñez, interactúan con los de otros creadores más cercanos a sus inicios profesionales, como Bernardino Sánchez o Ana Djorjevic.

Para Santiago Lobo, que además de formar parte de la colección está muy involucrado en la Universidad de Granada -y ha trabajado en el montaje de la muestra-, existe una visión romántica de este peculiar Retablo de las Maravillas: Supone la oportunidad de exponer en un sitio privilegiado, de hacerlo junto a artistas buení­simos y junto a compañeros con los que has ido creciendo artí­sticamente. Aún con los estigmas de los últimos detalles del montaje, el pintor y fotógrafo granadino destacó además el carácter arriesgado de la exposición, así­ como la convicción del equipo -en especial del impulsor y comisario- sobre las posibilidades de hacerla realidad.

Sin eclipsar el buen hacer de los artistas, la excelencia que caracteriza a algunas de las piezas expuestas o el riesgo asumido por el Secretariado de Artes Visuales, Escénicas y Música del Vicerrectorado de Extensión Universitaria, lo cierto es que El Retablo de las Maravillas, concebido y ejecutado en una ciudad como ésta, impacta más por su concepto, verdaderamente arriesgado y sorprendente, que por su contenido.

Además de su valor artí­stico y conceptual, esta exposición viene cargada de simbolismo. En cierto modo, El Retablo de las Maravillas es el proyecto final de carrera del equipo de gobierno que ha gestionado la Universidad de Granada desde 2000, una legislatura que será relevada a finales de este mismo año y que ha dejado entre sus esfuerzos patrimoniales más importantes una gran colección de arte contemporáneo, testigo del desarrollo cultural y social de la ciudad.

Convertido en un retablo gigantesco, lleno de pequeñas colecciones multidisciplinares, el Crucero del Hospital Real mantendrá esta exposición abierta al público hasta el próximo 30 de abril. Igual que en los retablos, en esta visita cabe una colección de sensaciones que persiguen el gran objetivo del arte contemporáneo: no pasar desapercibido.
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