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El tímido acercamiento de Granada a la vanguardia arquitectónica

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El tímido acercamiento de Granada a la vanguardia arquitectónica

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granada. E. Ontiveros/ I.Wilhelmi Si la arquitectura es el testimonio permanente que va dejando el hombre respecto a su pasado, en Granada, las generaciones futuras podrán apreciar cómo la vanguardia se abrió paso tímidamente a comienzos del siglo XXI. Las sedes de la Confederación de Empresarios; los sindicatos; la Diputación y la sede de la Junta de Andalucía; los edificios del Parque Tecnológico de Ciencias de la Salud; el Museo de la Memoria de Andalucía de CajaGranada; la cuarta fase del Parque de las Ciencias; el edificio de empresas Fórum y el hotel Nevada, entre otros proyectos arquitectónicos en desarrollo, son los exponentes de la arquitectura moderna granadina que promete someter a una profunda transformación el skyline de la ciudad, ese perfil urbano que permite distinguir cada población desde el cielo.
La ciudad es una basta, compleja y heterogénea construcción en el espacio, la suma de las grandes obras acumuladas en el tiempo que cada generación ha dejado, configurando así su particular visión de la moda arquitectónica de su tiempo. Para el decano del Colegio de Arquitectos de Granada, Ángel Gijón, a Granada le ha llegado ahora el momento que hace varios años vivieron otras importantes ciudades españolas que, por distintas circunstancias, tuvieron su oportunidad de incorporarse a la arquitectura de vanguardia. Barcelona, para las Olimpiadas del 92, desarrolló una política de espacios públicos que, más allá de las infraestructuras deportivas y complementarias, creó una ciudad más habitable –explica–. En Sevilla, con la Expo ocurrió algo parecido pero a bastante menor escala, con una actuación mucho menos integral; Bilbao aprovechó el tirón del Guggenheim y desarrolló un proyecto arquitectónico para todas las rías, que incluía el Palacio Euskalduna, un hotel espectacular, o la remodelación del Puente de Calatrava.

Pero, ¿cuál es el hito que ha servido de empuje a la innovación arquitectónica en Granada? De alguna manera, a través del Campus de la Salud se ha abierto una etapa donde han empezado a aparecer edificios más propios del siglo XXI. Este hecho, unido a la circunstancia de que ya son 12 promociones de arquitectos –unos 600– las que ha dado la Escuela granadina podría ser la clave del leve atrevimiento que ya despunta en los bocetos de los edificios proyectados en la ciudad. Al margen de la cantera granadina, afamadas firmas nacionales e internacionales también están dejando su impronta en varios edificios de la ciudad. Campo Baeza, autor del otrora polémico cubo de CajaGranada, ha diseñado el Museo de la Memoria de Andalucía; Carlos Ferrater, la cuarta fase del Parque de las Ciencias; el estudio sevillano Cruz y Ortiz, el edificio administrativo de la Junta en Joaquina Eguaras; el madrileño Andrés Perea, la nueva sede de la Diputación, entre otros ejemplos. Hay bastante buen nivel respecto a la arquitectura española e incluso internacional –afirma Gijón–. Prueba de ello es que de los 53 trabajos expuestos en el Moma de Nueva York, resultaron elegidos tres de Granada, cifra que sólo igualó Barcelona.

La ruptura con los cánones tradicionales no ha sido fácil ya que asumir riesgos en arquitectura exige un plus de valentía. La arquitectura está expuesta a la crítica de cualquiera porque está la vista de todos –subraya el decano de los arquitectos–. Además, la ciudad es el escenario de la vida del ser humano y es responsabilidad de los arquitectos, promotores y políticos; por si fuera poco, la gente es muy conservadora en este sentido. Mientras que en el interiorismo de las viviendas, los coches e incuso el mobiliario urbano se camina hacia una estética mucho más moderna, en arquitectura la opinión pública se muestra reticente al diseño vanguardista. En Bilbao suscitó una gran suspicacia la elección del californiano Frank O. Gehry para el diseño del Guggenheim, el museo que ha puesto en el mapa a Bilbao –recuerda Gijón–. Aquí, en Granada, el cubo de Campo Baeza empieza a ser reconocido por los granadinos ahora que ha sido premiado a nivel internacional.

Conciliar la arquitectura histórica y la tradicional en ciudades con memoria histórica, como Granada, no es fácil. Brujas, Venecia o Quito han subsistido fieles a su arquitectura histórica. Es una apuesta sin duda arriesgada porque puede incurrir en el error de desarrollar una estética mediocre en las nuevas construcciones que ni es fiel al pasado ni aporta nada al futuro, dice Gijón. En el entorno de la Acera del Darro, donde el portugués Álvaro Siza reinventó el mítico Zaida, no sin levantar ampollas entre los nostálgicos del hotel, se han construido bastos edificios sin más interés arquitectónico que el de alojar al mayor número de personas. El Zaida es un buen ejercicio de arquitectura actual que respeta los volúmenes del plan especial centro.

Por otra parte, la aprensión generalizada que existe hacia las torres también ha coartado la imaginación de los arquitectos. Esta tendencia, impulsada por Le Corbusier hacia los años 20, apostaba por edificios altos como solución para habilitar espacios libres ante el aumento de la población. Todavía hay cierto miedo porque, basándose en esos principios, al final se han ido llenando las ciudades de torres y no se ha guardado la proporción de espacios libres. En Granada, –lamenta Gijón– es una pena que se hayan desaprovechado ocasiones de construir auténticos iconos que la hubieran puesto en el mapa de la arquitectura moderna igual que lo está en la histórica.

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