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La crisis del capitalismo

La crisis del capitalismo

Los medios de comunicación nos relatan cada día las penurias de la ciudadanía a consecuencia de la crisis. Se advierte una preocupación algo morbosa por el autónomo que ha cerrado su negocio o por la familia apurada ante el posible embargo de su piso. Lo que no existe es un debate público sobre las causas de la crisis y las respuestas estructurales, más allá de las medidas urgentes para superar la zozobra. Ese olvido de lo sustantivo explica que hayan pasado casi desapercibidas las jornadas sobre Pensamiento crítico y crisis de capitalismo que ha organizado la Cátedra Fernando de los Ríos de la Universidad de Granada. El director de la Cátedra, Gregorio Cámara, ha tenido el enorme mérito de reunir en Granada a los más insignes representantes del denominado pensamiento crítico. La legitimidad de esta corriente estriba en que venían anunciando no sólo la crisis sino su magnitud, vinculándola a las fallas estructurales del modelo socioeconómico, más que a razones cíclicas.

El auge de las políticas neoliberales desde los años 70, impulsado por el «fin de la historia» que supuso, desde esa perspectiva, la caída del muro de Berlín ha provocado una sobredosis de codicia y, al final, como consecuencia de ello, una crisis sistémica. El castillo de naipes ha caído. Por ello, resulta sorprendente que quienes han defendido la limitación de los instrumentos públicos de control o la minimización de los servicios públicos sigan dando lecciones y proponiendo la construcción de nuevas burbujas. En el gobierno mundial no sirven ya las recetas neoliberales; son necesarias políticas progresistas, como ocurrió tras la crisis de los años treinta del pasado siglo, con la construcción del Estado social.

Sin embargo, los líderes progresistas mundiales han concluido en Chile que tienen la función histórica de salvar el capitalismo. Triste función si se limitan a cubrir sus vergüenzas. Su tarea, a mi juicio, es más ingente pues deberán reconstruir el nuevo capitalismo social de la globalización. El modelo socioeconómico globalizado de después de la crisis tiene que ser distinto al actual: un modelo igualitario, ecológico e intercultural, sustentado en el gobierno del mercado y en los derechos sociales, en el que la intervención pública se imponga a la mera regulación, se reoriente la fiscalidad y se garantice la protección social. Pero también es importante señalar con el dedo a los responsables del desastre. Esos políticos neoliberales que han convencido a buena parte de la ciudadanía de las bondades de un mercado libérrimo, sin cargas sociales ni control público, inspirado en el beneficio ilimitado.
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