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«La Historia no puede repetirse porque siempre es cambio»

entrevista

La Historia no puede repetirse porque siempre es cambio

miguel rodríguez
REFLEXIVO. Etienne Bloch, ayer, en el Carmen de la Victoria.

J. A.
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granada. Etienne Bloch, hijo de Marc Bloch, uno de los más grandes historiadores del siglo XX, asesinado en 1944 por los nazis de la Gestapo cuando, pese a su madurez y a ser padre de nueve hijos, decidió alistarse en el ejército francés y combatir a los alemanes, ha heredado de su padre sus grandes teorías historiográficas que le impulsaron a tener tan en cuenta, a la hora de encarar un libro, la importancia de los cambios sociales y la mentalidad tanto como los acontecimientos políticos concretos. Bloch hijo, que ha participado en la elaboración del libro Marc Bloch: La historia, la guerra, la Resistencia, del que ya hay una segunda edición sólo dos meses después de su puesta a la venta, aprovechó la tarde del jueves su estancia en Granada para presentar la reedición de una obra de su padre –uno de los grandes medievalistas franceses– editada por la Universidad de Granada y el Servei de Publicacions de la Universitat de València, Reyes y siervos.
–En la Edad Media había reyes y siervos. ¿Pero no los sigue habiendo en estos tiempos, aunque de otro modo? ¿Gentes que sirven a presidentes de países o corporaciones bancarias?

–Me gustaría matizar sobre eso. Hoy en día no se puede hablar exactamente de siervos. Hoy, y eso lo sabe todo el mundo, puede haber esclavos en cierto sentido. El siervo está condicionado históricamente: la servidumbre suponía un vínculo de sumisión y también un vínculo de protección. Se trataba de un vínculo personal y también de un vínculo económico que se traducía en el usufructo o en el trabajo que se debía explotar. Era una relación histórica específica. El siervo era el campesino que estaba bajo el dominio de los señores. Yo intento ser fiel a las enseñanzas de Marc Bloch, y por eso pienso que hay que tener mucho cuidado con los términos y no caer en cierto anacronismo. No debemos emplear términos que tienen un significado concreto para explicar las realidades de hoy. Y, en ese sentido, sí es cierto que el lenguaje corriente emplea el término siervo para referirse a la relación entre patrón y asalariado.

–¿Hasta qué punto son fiables los libros de historia? ¿Cómo sabemos que no están condicionados por una ideología determinada u otras circunstancias? ¿Cómo sabemos que pasó exactamente lo que se dice?

–Mi convicción es que cualquiera que se pueda interesar en lo que hacen los especialistas debe tener la curiosidad de querer saber cómo trabaja un historiador, cuáles son sus objetivos, de qué posiciones parte. ¿Cómo avanza la investigación, qué coherencia hay en el trabajo? Eso, creo yo, es tan importante a la hora de leer un libro como el propio contenido de éste. Y ésa, también, debe ser la actitud de un especialista ante un libro de Historia. Permítame ponerle un ejemplo con el periodismo: cuando alguien lee una noticia, es importante saber quién la escribe, en qué medio, cuáles son sus intereses, cuáles son sus objetivos. En la Historia sucede algo parecido.

–¿Hasta qué punto puede ser la Historia manipulada por intereses políticos?

–Debemos tener en cuenta de que el punto de partida de un libro de Historia es que no se pueden admitir nunca hechos que no hayan sido probados por documentos fehacientes o por testimonios de la época. Volviendo justamente a Reyes y siervos, el interés para cualquier lector es ver cómo procede Marc Bloch, cómo se interroga por las cosas. En ese sentido, lo que muestra en el libro es hasta qué punto podía haber una tradición de ideas equivocadas que en cierto modo revelaban la realidad de las cosas. Hay que preguntarse por la distancia entre textos y realidad. En el libro hay que tener en cuenta que, a pesar del título, no hay que centrar la atención en la figura del rey, sino más bien en la figura del señor. El rey era un señor de señores, un señor superior, pero la auténtica relación era la que había entre señores y siervos.

–Se dice que quien no conoce su historia, está condenado a repetirla… Ahora vemos en algunos países costumbres que eran comunes en la Edad Media europea… ¿Se está repitiendo la historia en lugares distintos?

–No. La Historia nunca se repite. El eje de la concepción y la definición que mi padre tenía de la Historia era, precisamente, que se trataba de la ciencia del cambio. Lo importante para un historiador es saber retratar los momentos en que ese cambio se produce. Hay que evitar la tentación de aplicar, por simples apariencias o rápidos esquemas, reglas del pasado olvidando que los procesos, que los contextos, que los entornos, son totalmente diferentes. Lo importante es la perspectiva que se tenga. Hoy vivimos instalados en la actualidad, pero es la perspectiva lo que nos permite conocer la esencia de las cosas. Por ejemplo, me aventuro a decir que dentro de 50 años el impacto del 11-S no tendrá la significación que hoy tiene. Es una opinión personal, pero el mismo día en que ocurrió el 11-S, me chocó el enorme impacto que tuvo frente a la indiferencia que hay ante tragedias como el hambre.

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