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La UGR, anfitriona universal

Cuando una persona llega a un país extranjero con el objetivo de pasar varios meses estudiando en una universidad puede ocurrir que se sienta solo y ‘desamparado’. Pero también puede encontrarse arropado por la institución y las personas que lo componen. Esto último es lo que pretende la Universidad de Granada, que se postula, año tras año, como la universidad europea que más rrasmus envía y recibe.

Si el año pasado fueron 2.006 los estudiantes de todo el mundo que se decantaron por Granada para pasar un año en el extranjero, fuentes de la UGR señalan que este año serán más. Ayer se dio la bienvenida a los primeros de ellos, con unas jornadas donde se les facilita ayuda y se organizan actividades de ocio con el objetivo de que se sientan como en casa. La principal novedad este año es la llegada de alumnos por primera vez desde Guatemala e India. Aunque las principales procedencias de los que optan por Granada son los países europeos, con Italia, Alemania y Francia a la cabeza y sus casi 400 estudiantes de media cada uno. A estos les siguen los países latinoamericanos -con unos 200 alumnos en total- y de América del Norte.

Una de las mejores bazas con las que cuenta la UGR es el Programa Mentor, por el que estudiantes locales ayudan y guían a los recién llegados durante su estancia en Granada. Una ayuda que suele ir desde meros trámites ligados a la movilidad estudiantil a inestimables consejos a la hora de buscar piso o elegir asignaturas -motivo por el que los mentores suelen ser de la misma facultad que los estudiantes extranjeros-.

Una de los 326 estudiantes que optan por dedicar su tiempo a otros como ellos es Livia Orozco, estudiante de cuarto del Grado de Traducción e Interpretación de Francés. Éste es su segundo año en el programa, y su motivo para unirse fue muy simple. «Yo me fui de Erasmus hace dos años y me encontré desamparada porque todo lo tuve que hacer sola».

El programa se convierte así en una forma de ayudar a otros estudiantes y que no se sientan «como yo me sentí». Pero no sólo eso, es una manera de vivir una experiencia internacional sin salir de casa, así que también se convierte en ‘antídoto’ para «suavizar la depresión post Erasmus» y suelen sufrir aquellos que han pasado un periodo lejos de casa. «Además, practicas idiomas», añade esta mentora, que este año tiene cuatro estudiantes extranjeros (conocidos como «bubbies») a su cargo.

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