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La UGR reducirá en 21.000 euros la factura del agua con el control de residuos

La UGR reducirá en 21.000 euros la factura del agua con el control de residuos

La Universidad instala difusores en los grifos para reducir en un 60% el consumo de agua y prevé colocar contadores individuales para las cafeterías de sus centros

Con apenas 60.000 euros de presupuesto anual, el Vicerrectorado de Calidad Ambiental de la Universidad de Granada (UGR) está emprendiendo una carrera titánica: hacer que esta institución sea más ecológica y austera. Cuando parecía que lo único que hacía esta oficina, a cargo de Pedro Espinosa, era elaborar auditorías, los primeros resultados de su gestión han ofrecido datos reveladores que demuestran que la comunidad universitaria está poco concienciada en la prevención y control de riesgos ambientales.

Un ejemplo de ello es la gestión del agua. Los 33 centros de la UGR consumen una media de 13.000 metros cúbicos mensuales de agua, un volumen tan elevado que, hasta ahora, no hacía sospechar irregularidades en la factura a Emasagra. Pero tras una inspección detallada del Vicerrectorado de Calidad Ambiental (y la colaboración de la compañía) detectaron que el Rectorado estaba pagando 21.000 euros al mes en multas por contaminación de aguas residuales.

«Sabíamos que la contaminación no podía venir del uso de productos químicos relacionados con la investigación, porque el programa de recogida de residuos funciona muy bien desde hace años», comenta Espinosa. La UGR reúne más de 20.000 kilos de residuos anuales.

«El problema es que el suministro y recogida de aguas de la cafetería de cada centro universitario estaba unida a los servicios y laboratorios», explica Antonio Espín, del Vicerrectorado de Infraestructuras. Y al parecer, Emasagra realizaba las mediciones desde el punto más cercano a la cafetería, que es el que más partículas orgánicas emite.

Lógicamente, estas evaluaciones superaban lo que dictan las ordenanzas municipales y Emasagra cargaba como si todo lo que se vertiera desde el edificio universitario tuviera el mismo nivel de contaminación.

Según Espín, a partir de ahora todos los edificios nuevos que construya la Universidad tendrán la instalación de suministro y recogida de agua separada de la cafetería para que no ocurra lo mismo.

«Los centros han hecho un gran esfuerzo para controlar el agua residual, la factura ha bajado considerablemente -destaca Pedro Espinosa-, hemos conseguido fijarla casi en cero».

El Vicerrectorado de Calidad Ambiental se reunió a finales de febrero con todos los decanos de la UGR para involucrarlos en la política medioambiental de la Universidad. «Cada decano ha firmado un documento en el que se compromete a asumir determinados retos en materia ambiental, pero sólo aquellos que podrán asumir este año», informa el vicerrector. Este Comité Ambiental no ha suscrito un contrato programa, pero el gesto supone el primer paso.

Entre los compromisos suscritos, los responsables de cada centro han acordado cambiar este mes los difusores de todos los grifos de sus edificios. «Con ellos esperamos reducir el consumo de agua un 60%», asegura Pedro Espinosa, lo que significa que la UGR aspira a dejar el consumo en poco más de 5.000 metros cúbicos mensuales.

Eso sí, el grado de concienciación de cada facultad no es el mismo, pues Ciencias de la Educación y Farmacia hace tiempo que han puesto por iniciativa propia parte de los difusores. «La cultura medioambiental es objeto de muchos comentarios, pero luego tiene que traducirse en hechos», dice Espinosa, precursor de un modelo de gestión ambiental único en España, cuyos referentes son la Politécnica de Cataluña, la de Valencia o la Autónoma de Barcelona.

Hasta ahora, los gastos que se generaban en la UGR en torno al consumo de agua o energía estaban centralizados y los decanos no le prestaban atención, pero el equipo de Gobierno de Francisco González Lodeiro ha conseguido comprometer a sus máximos responsables. «Cada decano o director de departamento debe saber cuánto consumen en electricidad y agua, o estar informados de qué vertidos generan», apunta Carolina Cárdenas, técnica del Vicerrectorado de Calidad Ambiental. Pero todavía queda una labor compleja. «De algunos centros no tenemos todavía datos sobre su gestión -continúa Cárdenas-, pero estamos tratando de conseguirlos y así poder controlar si las medidas que llevamos a cabo son eficaces o no». El consumo de agua, el de energía, las emisiones atmosféricas, el ruido o los residuos son algunos de los parámetros en los que inciden.

«A veces nos da la sensación de que esto podría ir más rápido, pero es difícil que alumnos, profesores y PAS caminen de la mano», concluye el vicerrector Espinosa.
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