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Las caperucitas rojas del siglo XXI

– Las caperucitas rojas del siglo XXI

En un tiempo en el que las nuevas tecnologías ganan terreno en el mundo educativo, una profesora granadina ha encontrado en la esencia de los cuentos de siempre la pieza clave del éxito formativo en sus clases. Lo ha conseguido de una manera tan sencilla pero tan eficaz, que su material educativo se distribuye ya en centros del norte del país, pasando por las islas y llegando incluso a latinoamérica.

El secreto de Charo González ha sido abandonar el “érase una vez” de los cuentos y adaptarlo a la realidad. “Se trata de cambiar estereotipos a través de la lectura. No dudo de la belleza de los cuentos clásicos, pero algunos presentan modelos impropios de una sociedad avanzada e igualitaria”, detalla.

Basta con fijarse en el modelo que los niños descubren con cuentos como el de La ratita presumida. Ella barre, friega y se engalana para gustar a su marido. O por ejemplo, el caso de Blancanieves que muestra la imagen de una mujer guapa, delicada, clarita de piel. “No se pueden enseñar modelos sociales de ayer, cuando hoy luchamos por cambiarlos”.

Igualdad de género
Esa es la razón por la que el cuento de Caperucita Roja se ha convertido en Caperucita, el lobo, mi abuelo y el euro. En el cuento de la maestra granadina, Caperucita es africana, no acepta el lenguaje violento, es firme y decidida y no se amendrenta al encontrarse con el lobo, representado por un ser autoritario, posesivo y violento. “Intento dar respuesta a un problema actual que marca las relaciones entre hombres y mujeres”. Para que este cambio literario tenga sentido, la profesora ha incluido en todos sus textos, editados por el Grupo Editorial Universitario, un taller de lectura y habilidades sociales que refuerza a la vez los conceptos curriculares y los transversales. “Así, con esta lectura los niños trabajan elementos matemáticos –cuando la niña acude a comprar– o lingüísticos, a la vez, que ejes trasversales como la educación para el consumo o la educación para la paz”, relata.

Conciencia Ambiental
Para abordar este problema social Charo González ha creado a Papela, una papelera que enseña a los niños a adquirir hábitos de limpieza y de orden. Nada es gratuito en sus libros para explicar conceptos tan amplios y conseguir que calen en la clase. “Intento crear escenas cercanas, como que en las ilustraciones aparezcan alumnos de color, con alguna discapacidad, para mostrar la diversidad escolar e interpretar mensajes directos en los que se entremezclan emociones”. La papelera estará contenta cuando los niños le echan los envoltorios de los caramelos o triste si los alumnos la ignoran.

Relaciones humanas
Entre las nuevas ediciones de la maestra se abarcan temas como la inmigración con el libro Mi amigo Charaf, en el que a través de una relación entre un niño de Argelia y uno español relata una amistad donde lo diferente une y enriquece; con Javi y el bebé, la unión entre hermanos va más allá de los juegos y en un Cuento diferente se manifiestan las barreras sociales que se encuentran un chico con síndrome de down y una chica con rasgos autistas para vivir su historia de amor.

Y el resultado de todo esto, una gran aceptación entre los niños. Desde que la profesora comenzó a trabajar con este material, los niños son los que demandan sus textos. “Considero que hay programas implantados que no tienen resultado en los colegios porque están hechos desde los despachos”. Ella, sin rechazar las nuevas técnicas educativas, se ha valido de sus más de dos décadas de experiencia con alumnos de Educación Especial y con carentes necesidades sociales para conseguir traspasar las páginas de los libros. “Me basta con que sean capaz de leer un libro en su vida que, además de a sumar y a restar, les enseñe a mirar al mundo de forma diferente”.

Probablemente, con estos cuentos las niñas ya no quieran ser princesas, ni los niños príncipes azules, pero aprenderán a ser los protagonistas de los cuentos del futuro.

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