Las instituciones superiores ya no tienen el monopolio del conocimiento y toman nota de las reglas de ventas que rigen en mercado para captar fondos privados · Neuron BIO aconseja que sean más flexibles
El objetivo era que las universidades andaluzas tomaran nota y, finalmente, hubo mucho que anotar. El encuentro entre representantes de los consejos sociales de las nueve instituciones superiores de Andalucía y un nutrido grupo de empresarios, que se celebró ayer en el Complejo Administrativo Triunfo de la Universidad de Granada, sirvió para hacer un buen análisis de las debilidades de los departamentos de I+D+i de las universidades. Y la mejor radiografía la expuso el director general de Neuron BIO, Javier Velasco, que en apenas diez minutos lanzó media docena de recomendaciones a las universidades andaluzas para que mejoren su relación con las empresas y, por consiguiente, aumenten la financiación privada de sus proyectos.
La primera es la FLEXIBILIDAD. «Es verdad que cada grupo de investigación tiene su propia línea de trabajo, pero los investigadores deben saber escuchar las necesidades y propuestas de los empresarios, de la sociedad al fin y al cabo», matizó Velasco.
Recopilar INFORMACIÓN sobre el cliente. «Algunos investigadores llegan a las compañías presentando patentes sin saber a qué se dedica la empresa», dice.
Mantener una CONFIDENCIALIDAD. «No es una buena forma de venta que los investigadores revelen lo que han vendido a otras empresas antes, pues probablemente destaparán nuestras investigaciones también», añade.
Cumplimiento de PLAZOS. «Si una empresa contrata un servicio, le preocupa mucho que se cumplan los plazos, ya sea de los informes, de entrega de resultados, etc. Esto es fundamental y puede dar al traste con la contratación», explica el empresario.
PASO A PASO. «Muchos grupos de investigación quieren entrar en las empresas a lo grande, pero deben empezar a trabajar poco a poco. No es buena estrategia sacar la gran patente nada más empezar», continúa Velasco.
Las OTRIs de avanzadilla. Las universidades deben definir de una vez por todas quiénes son sus intermediarios con las empresas. «Normalmente el primer contacto que mantienen las empresas es con los propios investigadores y luego aparecen las OTRIs. Pero esto no debe ser así», insiste el director de Neuron BIO. «Primero deben ir las OTRIs a las compañías y luego los investigadores».
«Hay una regla de ventas que todos debemos tener en cuenta, incluido los investigadores y los gestores de las universidades», afirmó Velasco. El empresario dejó claro que las instituciones superiores ya no tienen el monopolio en la creación del conocimiento. «En las empresas se genera ya muy buen conocimiento y son grandes competidoras de las universidades», explicó. Un ejemplo: Repsol lanzó una convocatoria para generar energías renovables y Neuron BIO compitió con universidades andaluzas para responder a la oferta. «El resultado ha sido que Repsol contrata proyectos completos con Neuron BIO y ésta, a su vez, subcontrata a la Universidad». En este caso la empresa de base tecnológica es una intermediaria con la universidad.
En cinco años Neuron BIO lleva más de 10 millones de euros invertidos en I+D, han firmado más de 30 contratos con universidades andaluzas y el CSIC y han logrado desarrollar siete familias de patentes.
Otro exponente de empresas que colaboran con las instituciones superiores es Abbott, con sede en el PTS de Granada. Esta compañía ha llevado a cabo más de 50 contratos con grupos de investigación de la Universidad de Granada, un centenar de publicaciones conjuntas de alto impacto.
El jefe de investigación estratégica de Abbott, Ricardo Rueda, defendió el papel de los parques tecnológicos: «son fundamentales para mantener el desarrollo» de negocio». El PTS de Granada ya cuenta con 70 compañías que generan «una ciencia que importa», es decir, una investigación que demanda y se transfiere a la sociedad.