ignacio martínez
Lección de intolerancia
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No sé lo que enseñan en la Facultad de Políticas de Granada, pero algún alumno no ha aprendido lo esencial. Democracia es sinónimo de tolerancia: todo el mundo tiene derecho a expresar una opinión sin que nadie le considere su enemigo, ni quiera destruirlo o silenciarlo por la fuerza. Medio centenar de estudiantes de la Universidad de Granada ha hecho la hombrada de reventarle un acto al senador, ex presidente de Galicia y fundador del Partido Popular Manuel Fraga. Los alborotadores tuvieron éxito en su propósito: la policía desalojó el aula magna y hubo que trasladar el acto al salón de grados, con un aforo más pequeño.
Fraga había ido a la Facultad de Ciencias Políticas a dar la conferencia inaugural del curso bajo el título de España y su futuro. Un grupo de representantes del Foro de la Memoria, las Juventudes Comunistas y el Sindicato de Estudiantes prefirieron que el tema fuera España y su pasado. Le dijeron al invitado palabras que demuestran su grado de inmadurez. Asesino, fascista, terrorista, ¡muérete! y te quedan dos telediarios fueron algunos de los mensajes que dedicaron al ex ministro de Franco. Los autores de los insultos, que se consideran a sí mismos valientes demócratas, le robaron el protagonismo al conferenciante y dieron la primera clase del curso: una lección de intolerancia.
En unos pasquines repartidos en el lugar, se decía que Fraga no tendría escrúpulos en firmar una sentencia de muerte contra cualquiera de nosotros. Y el secretario provincial del Sindicato de Estudiantes de Granada ha puesto la guinda: culpó de lo ocurrido a la Universidad por invitar a Fraga con el dinero de todos los contribuyentes y añadió que es un señor que nunca ha apretado un gatillo, pero lo ha ordenado.
En una democracia no se merece este trato ni Fraga, ni nadie. No creo que yo haya coincidido mucho con las opiniones del senador en toda mi vida. Pero es que este asesino es uno de los siete ponentes de la Constitución que abolió la pena de muerte en este país y el fundador de uno de los dos grandes partidos nacionales que garantizan alternancia y pluralismo en la vida política española.
Este tipo de numeritos se hace para llamar la atención. Desgraciadamente, es una enfermedad que se extiende en la España de hoy: el frentismo. A estos muchachos tan radicales les sorprenderá saber que están en el mismo barco que un famoso radiopredicador de la mañana, situado en la extrema derecha. Supuestamente están en las antípodas, pero son las dos caras de la misma moneda: manifiestan el mismo desprecio por las opiniones de sus adversarios. Y la intolerancia es despreciable donde quiera que esté.
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