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Los fraudes de la ciencia

ciencia fraude en el caso de la clonación terapeútica

Los fraudes de la ciencia

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descrédito. El surcoreano Hwang Woo-suk ha pasado de héroe nacional a villano.

ISIDORO GARCÍA
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granada. El investigador surcoreano Hwang Woo-Suk pudo alcanzar el Nobel, pero ahora su crédito científico está por los suelos. Tras publicar en una de las revistas más prestigiosas del mundo, Science, dos artículos en los que aseguraba haber obtenido células madre de embriones humanos clonados, Hwang se convirtió en un héroe en su país y en la gran esperanza de la medicina regenerativa mundial. Pero apenas unos meses después se desató el escándalo: primero se supo que utilizó óvulos de dos de sus colaboradoras. Poco después, ante las sospechas de fraude, una comisión de la Universidad de Seúl certificó que Hwang había falseado los resultados de sus experimentos: ni clonó embriones humanos ni derivó células madre.
Este fraude no es el primero de la historia, pero ha levantado recelos acerca de los mecanismos de control que tiene la ciencia para detectar engaños. ¿Cuáles son? ¿Cómo se llega a publicar en una revista científica? Ángel Delgado, catedrático de Física de la Universidad de Granada (UGR), ha sido miembro del comité asesor de una revista científica norteamericana y conoce bien el proceso de publicación. Así lo explica: los científicos envían a la revista donde pretenden publicar un resumen de su investigación donde aparecen datos del experimento (elementos empleados, temperaturas, etcétera). En el caso de las revistas prestigiosas (Science o Nature), el editor seleccionará, entre los cientos de resúmenes que le llegan al mes, los que considere más interesantes.

Si cree que el estudio tiene la sufiente relevancia para ser publicado, el editor lo envía a un revisor o referee (árbrito, en inglés), un especialista en la materia de confianza que revisa el texto. Es lo que se conoce como revisión por pares, un procedimiento tan viejo como la propia ciencia y que se basa en una de sus premisas fundamentales: los resultados de un experimento sólo tienen validez si los repite otro científico. Once is never and twice is ever (una vez es nunca y dos veces es siempre), dicen los anglosajones.

Ahora bien, el revisor no repite el experimento, comenta Ángel Delgado, ya que no tendría tiempo. Como experto en la materia, el revisor supervisa que los datos sean coherentes y confía en que los científicos que envían el estudio no tienen la intención de mentir. Como en otras muchos ámbitos de la vida, el sistema científico acaba basándose en la confianza.

Si el revisor da el visto bueno al artículo, éste vuelve al editor para su publicación. Todo el proceso puede llegar a durar unos seis meses, comenta Delgado. En principio, cualquier científico puede publicar en estas revistas, algo que no ocurría en el pasado: A principios del siglo XX hacía falta un padrino que presentara los estudios a las pocas publicaciones que existían, relata Delgado. Algo que, según el catedrático de Parasitología de la UGR Antonio Osuna, sigue sucediendo: La ciencia está ligada a clanes, opina. Si se forma parte de uno lo tienes más fácil.

Hwang, un desconocido veterinario de Corea del Sur, llegó a formar parte de esta élite gracias a estas publicaciones. Pero, aunque todavía no se sepa si falseó deliberadamente los resultados de sus experimentos o se dejó engañar por alguno de sus colaboradores, era consciente de que, aunque consiguiera burlar los controles de la publicación, más tarde o más temprano alguien podría utilizar su técnica para repetir el experimento y descubrir la trampa, sobre todo en un campo tan competitivo como la medicina regenerativa. Sabía que lo iban a pillar, opina Osuna. En ese caso, ¿por qué un científico en la cima arriesga su prestigio de esa manera?

El afán de notoriedad, de querer ser el primero, es una de las causas que esgrimen sus colegas de profesión. Con sus investigaciones, Hwang puso a Corea del Sur a la delantera en clonación terapeútica, en parte gracias a una relajada legislación en cuanto a aspectos éticos (algo que sí limita otros científicos, como los ingleses que clonaron a Dolly). Pero detrás de la notoriedad hay algo más: la presión por conseguir resultados y financiación.

Entre 1998 y 2003, Hwang recibió del Gobierno surcorano 11 millones de dólares para sus investigaciones. Y la financiación se consigue con prestigio, que se obtiene publicando en las mejores revistas. Se cierra así un círculo que puede resultar un tanto vicioso para algunos científicos: para conseguir buenos resultados (que sean publicables y otorgen reconocimiento) se necesita dinero, que se obtiene en función de aquéllos. Un proceso que estimula la creatividad y la producción, pero que tiene también un lado oscuro. La ciencia está sometida a mucha presión, reconoce Antonio Osuna, por lo que hay que tener los pies en el suelo. Quizá Hwang, como escribe Javier Sampedro en El País, pensó que, si conseguía más dinero y tiempo con sus artículos en Science, le darían el Nobel en dos días. Pero el fraude no es exclusivo de la ciencia: también hay periodistas que inventaron sus artículos para alcanzar prestigio.

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