– Mejor que la mejor
ESA es la única mentalidad que cabe en un candidato a rector: querer que su universidad sea mejor que la mejor. Pero no sólo en los discursitos cara a la galería, de torpe boquilla, sino de verdad, con convicción férrea y ojos claros. Y eso, el único candidato actual que lo transmite, es Antonio Campos. Desde que lo conocí no ha cesado de decirme que su punto de comparación no son la Complutense, Salamanca o la Autónoma de Barcelona, sino Oxford, Cambridge y Harvard. Pero ¿cómo se consigue eso? Él lo tiene muy claro, y sus colaboradores también. Lo tenía claro cuando hizo una labor impecable en la Facultad de Medicina, siendo decano. Lo tuvo claro después, cuando la investigación biosanitaria en España dio un tirón espectacular los años que dirigió el Instituto Nacional de Salud Carlos III, y lo tuvo todavía más claro, porque Granada es su ciudad, cuando presidió el Consejo Social. Ninguna de las gestiones que ha emprendido ha empeorado, ni siquiera se ha mantenido como estaba, sino que ha crecido con nitidez.
Sus armas han sido siempre (y lo van a seguir siendo, para lo que la comunidad universitaria desee) una enorme capacidad para conseguir acuerdos y pactos, una dilatada experiencia en gestión de la investigación y captación de recursos, una habilidad manifiesta para generar estímulo en los jóvenes, tanto en su labor docente como en su vertiente investigadora, por su experiencia en cooperación social y, sobre todo, porque no es un científico a secas, sino un humanista, capaz de entender los argumentos y las utilidades de ciencias y letras, tecnología e ideas.
Para ser rector no basta tener apoyos políticos y regalar el oído a los votantes, hace falta independencia moral y científica, y es necesario cultivar las artes de sacar duros de cuatro pesetas. Y en eso se ha mostrado genial en sus actividades anteriores. Generalmente, los equipos de gobierno de universidades públicas se conforman con lo que los proyectos nacionales, públicos, ofrecen a las instituciones educativas y de investigación. Cuando Antonio comienza un trabajo, sabe que Oxford, Cambridge y Harvard nunca habrían llegado a serlo con esa mentalidad. El mundo es de los que lo cabalgan, los que saben cómo funciona y cómo se puede servir a toda una comunidad para que el crecimiento no sea sólo personal, sino colectivo. Una universidad no la hacen cuatro gatos, sino toda una sociedad. En este caso, la UGR y la ciudad que la sostiene, Granada, una tierra sin secretos para quien lleva varias décadas sirviéndola en algunos de sus puestos claves.