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Simón Bolívar en Granada

A mí me parece muy bien que Hugo Chávez llame a José Antonio Lorente para encabezar el equipo de investigadores forenses encargados de identificar el cuerpo de Simón Bolívar y confirmar, de esta forma, si su muerte fue consecuencia de una tuberculosis o el resultado de la digestión de una ensalada de arsénico con muy poca compasión. Y digo que me parece muy bien, porque el hecho es, ante todo, un reconocimiento que engalana a la Universidad de Granada y une el nombre de nuestra ciudad a la arquitectura histórica de género bolivariano.

Lo que me resulta algo más perentorio es el matiz que el líder venezolano pueda llegar a querer darle, emulando el carácter litúrgico del santoral católico. Quiero decir, con otras palabras, que el proceso de identificación del revolucionario suena a ritual de un proceso de beatificación con motivaciones casi religiosas. Lástima que el cuerpo de Bolívar no estuviera incorrupto, en cuyo caso, se hubiera convertido en padre reverenciado de la religión bolivariana. Pero no, el cuerpo de Bolívar estaba en sus huesos. A lo más que se puede llegar ahora es a extraer pequeñas partes del mismo para convertirlas en reliquias que acompañen al gobierno de la república para darle suerte y una larga vida. Porque eso es lo mismo que hicieron los grandes dictadores de la historia en su afán de utilizar las reliquias religiosas como disculpa supersticiosa y garantía de seguridad. Quién no recuerda el dedo de Santa Teresa en las manos de Franco o la búsqueda del Santo Grial por el ejército de arqueólogos del Reich. Es una cuestión mágica y a la vez mística que mueve a quienes están en el poder para identificarse con sus propios ídolos laicos o religiosos.

De los restos de Bolívar ya habrá quien se encargue de extraer alguna pieza para museo o para acompañar al gobierno. De exponerlo en alguna vitrina con cepillo a los pies para que pueda ser visitado y venerado por las hordas republicanas bolivarianas. A fin de cuentas, el hombre de América está situado en las grandes páginas de los libros de la historia universal.

El culto a Simón Bolívar incluye la vigencia de su legado y la reafirmación de sus ideas. El héroe libertador es, al mismo tiempo, principio y fin de un proyecto de unidad que ojalá fuera realidad. Lo que se me antoja una paradoja es que tengan que ser españoles y de la Universidad de Granada los que dirijan la exhumación e identificación de una de las figuras más importantes de la emancipación americana del imperio español. Una de las figuras que contribuyó, de manera decisiva, a la independencia de las actuales Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Por eso, yo pediría que se trajesen a Granada una reliquia del libertador como objeto de culto y veneración.

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