exposición
Sonia Morvan utiliza la pintura fetiche para hablar de raíces
La Corrala de Santiago acoge la muestra de la autora granadina afincada en Marsella, donde trabaja para dar a conocer la cultura hispana
miguel rodríguez
preparación. Sonia Morvan ultimó ayer los detalles de su exposición, que se inaugura esta tarde en la Corrala de Santiago.
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granada. Cada vez que habla de su pintura, Sonia Morvan alude a un hilo del que tira, guiada por el impulso y la espontaneidad, hasta que aparecen ante sus ojos, liberadas, las formas y los colores que absorben sus cuadros. Pero es otro hilo el que se enreda sin tregua en el proceso creativo de la autora granadina afincada en Marsella: es el de las raíces, el del recuerdo omnipresente de sus orígenes, el cordón umbilical de un autor con su pasado.
Gójar, pueblo natal de Morvan, transforma su imagen nostálgica en un universo donde la autora pone en contacto formas abstractas y figurativas que se comunican con equilibrio. Y entre todos los elementos que evocan a su tierra, la granada se ha convertido en su fetiche personal. La fruta que identifica la ciudad aparece en cada uno de los treinta cuadros que Morvan expone en la Corrala de Santiago desde esta misma tarde y hasta el próximo 28 de octubre.
A los dieciocho años se marchó a Marsella, donde reside desde entonces y donde ha consolidado un estilo espontáneo, sorprendente y reflexivo: La pintura me obliga a hacerme preguntas. Y me da respuestas. Una de las más impactantes de su trayectoria, según recordó, tiene el sello de autores como Van Gogh, cuya forma de transmitir emoción a través del color se tradujo, en su caso, en un sentimiento casi de dolor: Descubrí el color con los impresionistas, en París, y no sé si me volverá a ocurrir en mi vida algo parecido.
No es éste, sin embargo, el carácter del poso que deja la treintena de piezas que decoran estos días el espacio de la Corrala de Santiago por iniciativa de la Universidad de Granada. Acrílico y pastel son las técnicas dominantes en la muestra, que recoge motivos de azulejos granadinos e incluso, como confesó la autora, la imagen del pavo símbolo de la historia de Gójar, donde se criaban y se comían en Navidad. Quizá es el uso atrevido del color –y en algunos casos acertadamente estridente– el que confiere a las obras expuestas grandes dosis de optimismo.
El paso del tiempo y la distancia física con su fuente de inspiración ha dado a Sonia Morvan las claves de un estilo intuitivo, muy gestual y cada vez más fuerte emocionalmente. Con todo esto, la creadora continúa su labor como miembro de la asociación cultural Horizontes del Sur, dedicada a difundir en Francia el mundo hispánico.
Entre los acontecimientos que lleva a cabo esta entidad, destaca un acto anual dedicado a creadores granadinos de varias disciplinas y un festival de cine en el que los directores españoles se convierten en protagonistas y dan a conocer sus trabajos. El año pasado, las dos líneas de trabajo se encontraron con la visita a Marsella de Chús Gutiérrez, cineasta granadina autora de El calentito, su última película.