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Terrorismo LOW COST

Menos de 3.000 euros. Una ganga. Ese es el precio que puede alcanzar la organización de un acto terrorista en Europa por parte de alguna de las ‘franquicias’ de Al Qaeda. Se trata de la estimación realizada por el doctor Juan Miguel del Cid, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Granada, que participó hace unas semanas en el máster Fenomenología Terrorista con una ponencia titulada Yihad financiera y comercio de armas de destrucción masiva, tras la pista del dinero.

Según la información recopilada por Del Cid, el dinero que se emplea en la financiación de actos terroristas islamistas -como los cometidos por Mohamed Merah en Toulouse y Mountaban el mes pasado- procede principalmente de donaciones. «Un precepto islámico obliga a los creyentes a dedicar dinero a causas benéficas», apunta el catedrático, que incide en la falta de control de esos donativos para explicar cómo puede acabar el dinero financiando la formación de terroristas o la comisión de actos violentos. El movimiento del dinero desde piadosos actos de donación -que sobre todo se dan en los países del Ramadán en los países del Golfo- a lugares como Chechenia o Afganistán es clave para conocer cómo se financian los grupúsculos terroristas que, por ejemplo, actuaron hace dos meses en Francia o en Times Square, en Nueva York, y cuentan con ramificaciones también en España, como demostró la reciente detención en Valencia del quien se denominó como ‘bibliotecario de Al Qaeda’.

Otras fuentes de financiación son el impuesto revolucionario o extorsión, como en Somalia; el tráfico de droga, como en Afganistán; la pequeña delincuencia, de la que se financian pequeños grupos asentados en Europa; o incluso los secuestros, como ocurre en el Magreb, donde Al Qaeda ha conseguido importantes recursos a través de raptos.

«No se sabe ni quien lo envía ni quien recibe ese dinero», explica Del Cid, que sí asegura que las remesas suelen transferirse de forma personal, normalmente a través de inmigrantes. La opacidad con la que se gestionan estos fondos -no hay que olvidar que van destinados a actos delictivos- hace que, según el catedrático, sea imposible estimar cuantías.

Sí se cree que en los últimos tiempos la tendencia es a reducir al máximo el número de integrantes de las células radicales, incluso «una única persona recibe entrenamiento» para atentar, explica Del Cid, ya que no se busca tanto «el número de muertos» como causar un importante «daño económico o generar alarma entre la población».

Por ello, Del Cid incide en la importancia del papel de los bancos en la erradicación de este tipo de terrorismo, que aumentaron de forma significativa los controles a partir de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, atentado tras el que «hubo obsesión» con el tema económico, ya que «se pensaba que con mayor control financiero se hubiera podido evitar». Sin embargo, pese a la vigilancia, la ilegalidad con la que se gestionan estos fondos hace que sea muy complicado poner coto a las trasferencias, lo que hace necesario que, en cualquier caso, se tenga que «combinar con otro tipo de investigación» policial.

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