Tres años sin ambición. Un futuro por delante
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Se cumplen, en estos días, tres años desde la llegada al poder municipal del PP, tras las Elecciones Municipales del año 2003. Tiempo más que suficiente para calibrar la verdadera dimensión del proyecto realizado en Granada, y las consecuencias que el mismo haya podido tener en la vida presente y futura de los habitantes de nuestra ciudad, más allá de acciones concretas y determinadas, las cuales, al margen de su utilidad o vistosidad, no conforman un bloque de actuaciones que pueda ser considerado, en su conjunto, un modelo de desarrollo para Granada, pues, simplemente, el PP carece de él.
Y quizá sea ésa una de las notas características de estos tres años de gobierno del PP: la administración ordinaria y rutinaria de los asuntos del día a día, adornada, eso sí, con un espectacular despliegue propagandístico, que ha convertido cualquier medida de gobierno, por nimia que fuera, en asunto profusamente vendido y anunciado, lo que viene a confirmar una de las principales críticas que desde el PSOE hemos hecho a la labor del alcalde y su equipo, y es haber convertido la vida local en un inmenso escaparate sin nada detrás, en la mayoría de los casos.
La ciudad ha asistido en estos tres años a un considerable retroceso en la calidad de vida de sus vecinas y vecinos, con reducción de programas sociales, cuando no un mero funcionamiento por inercia de los ya existentes, disminución de la calidad de la oferta cultural, sobre todo en los barrios, y abandono paulatino del concepto de la verdadera participación ciudadana. La ciudadanía de Granada ha pasado de ser considerada un elemento activo y dinamizador de la vida cultural, social y política de la ciudad, a ser algo que hay que dirigir y domesticar desde el poder municipal.
Un aspecto que no puede negarse, es que el gobierno municipal está realizando muchas obras, quizá debido a que es el gobierno que está disponiendo de más capacidad de gasto de la moderna historia local. Esto no se debe a su buena gestión, sino a una conjunción de tres factores: la brutal subida del IBI que el PP realizó en el año 2004, y que no ha sido devuelta a los ciudadanos; la prórroga de la concesión de la empresa del agua (que les está permitiendo gastar ahora, el dinero que pertenece a las granadinas y granadinos del futuro) y la existencia de financiación europea, conseguida por corporaciones anteriores.
Pero la mayoría de las obras se están demostrando innecesarias y costosas, además de no obedecer a ninguna planificación lógica, sino sólo al hecho de hacerlas por hacerlas, provocando tremendos desequilibrios entre los barrios, un caos infernal de tráfico y una auténtica injusticia en el reparto de equipamientos ciudadanos. Esta sucesión indiscriminada de obras, además de las molestias causadas, la justifica el PP, en parte, a través de la falacia de que puede perderse parte de la financiación europea (¡¡tras tres años en el poder!!). La verdadera realidad es que para el PP, la obra se justifica en sí misma, sin mas criterio que el hacerla, y obviando totalmente el sentido social y de reequilibrio urbano al que obedecen la mayoría de los programas europeos que aportan la financiación.
La ciudad, así maltratada, tiene evidentes dificultades para proyectar su liderazgo en el área metropolitana, debido a esa falta de modelo urbano, y también debido a la carencia de interlocución del alcalde con su entorno. Granada debe hacer pivotar la realidad y las soluciones metropolitanas, en torno a su centralidad, y ello sólo puede hacerse desde el liderazgo responsable y solidario de esa realidad de 500.000 habitantes y más de 30 municipios, justo lo contrario de lo que pregona y practica el señor Torres Hurtado.
Dos notas más jalonan el triste devenir de estos tres años de gobierno del PP. Las grandes infraestructuras pendientes que paliarán los déficits históricos de Granada no han recibido el necesario impulso político de este gobierno municipal, debido a la incapacidad para el diálogo del alcalde, pero debido también a una concepción cerrada y bunkerizada de nuestra ciudad, que le impide tener la altura de miras institucional que se precisa para admitir que esas grandes infraestructuras dependen básicamente del acuerdo con otras administraciones, aunque no las gobierne su partido.
Finalmente, si alguna idea puede resumir estos tres años, ha sido la falta de ambición política para con Granada y sus gentes que ha demostrado este alcalde y este gobierno municipal. Ambición para sentar las bases estratégicas del futuro de la ciudad. Ambición para dotar a nuestra ciudadanía de posibilidades de empleo y desarrollo económico. Ambición para incorporar a las políticas locales las energías que desplegará el Campus de la Salud, y las modernas iniciativas de investigación y desarrollo que impulsa nuestra Universidad. Ambición, en definitiva, para que la gente de Granada no se sienta sin Ayuntamiento, o para que sienta que su Ayuntamiento es algo más que quien le coloca maceteros en las calles y le abre su ciudad en canal.
Ambición para conquistar un futuro que ya está aquí y para el cual, este gobierno municipal del PP ya parece haber arrojado la toalla. Un futuro para el que las socialistas y los socialistas de Granada ya estamos trabajando, codo con codo con las gentes de nuestra ciudad.