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Un catálogo de deberes del ciudadano para evitar que Granada sea ruidosa

Un catálogo de deberes del ciudadano para evitar que Granada sea ruidosa

pepe torres
debate. Los contertulios, antes de charlar sobre posibles soluciones para acabar contra la contaminación acústica.

M.J.A.
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granada. La peatonalización del centro de la ciudad no es la solución definitiva para erradicar los altos niveles de ruido que, tal y como recoge el mapa sonoro elaborado por la Universidad de Granada y que se ha dado a conocer recientemente, soporta el centro de la ciudad. El tráfico, con las motocicletas a la cabeza, se ha convertido en la gran fuente de contaminación acústica de la ciudad, pero no es la única. Así, la cesión de espacio público en beneficio de los peatones no parece ser la mejor solución. El estilo de vida de las sociedades mediterráneas ha convertido las calles en un auténtico hervidero en el que son tomadas por miles de personas hasta altas horas de la madrugrada.
Ante esta situación, la elaboración de un catálogo de normas donde se recojan los derechos y los deberes de los ciudadanos y sobre el que tanto fuerzas políticas, económicas y sociales estén de acuerdo, aparece como la única solución para amortiguar los devastadores efectos que sobre el descanso de los ciudadanos tiene la contaminación acústica. Eso sí, todo un plan de intenciones que deberá ir acompañado con las correspondientes medidas coercitivas.

Ésta es, básicamente, la conclusión a la que llegaron ayer los contertulios que participaron en el debate organizado por Localia Televisión y Granada Hoy para analizar el problema del ruido y que contó con la participación del concejal de Tráfico y Protección Ciudadana, José Antonio Balderas; el ex presidente de Diputación y primer concejal de Tráfico en época democrática, José Olea; el profesor de Física Aplicada de la Universidad de Granada y uno de los participantes en la elaboración del mapa sonoro del centro, Diego Pablo Ruiz Padillo, y el empresario Gonzalo Mariscal.

Las ciclomotores con sus tubos de escape trucados y el botellón se convirtieron en dos de los causantes del ruido más nombrados por los contertulios. Sobre la contaminación acústica ocasionada por las motos, el representante de los comerciantes solicitó mayores controles y un seguimiento permanente a los infractores de la normativa. En este sentido, el concejal de Tráfico apuntó la posibilidad de que el gobierno municipal restrinja, incluso, el paso de vehículos de motor a dos ruedas en algunas zonas de la ciudad. Ahora bien, recordó que en este mandato se han reforzado los controles de la Policía Local para detectar los tubos de escape que emiten decibelios por encima de lo permitido e hizo hincapié en la entrada en vigor de una nueva normativa que supone un endurecimiento de las penas para los motoristass que trucan su tubo de escape.

Pero, sin duda, el botellón que, según apuntó Ruiz Padillo, provoca mayor perturbación que el tráfico, centró una gran parte del debate. Con la educación como única solución, los contertulios reconocieron que la ciudad está todavía lejos para acabar con este problema. Es más, es un fenómeno que va a más, insinuó José Olea, afirmación que confirmó José Antonio Balderas que aseguró que el espectro de participantes se ha ampliado porque empiezan cada vez más jóvenes y a la vez hay más personas mayores que también asisten a este tipo de concentraciones.

En este sentido, el profesor titular de Física Aplicada, incluso, apuntó que los jóvenes, cuando hemos planteado este tema en clase, demuestran que no son conscientes de las molestias que generan. Es más, reconocen que continuarán participando en este tipo de fenómenos, por lo que Ruiz Padillo dijo que ante un problema tan complejo las fuerzas políticas no deben buscar soluciones radicales y plantearse un plan de mínimos, entre los que destacó desplazar las concentraciones de jóvenes al extrarradio de la ciudad.

Por lo pronto, el avance del mapa sonoro ha tenido una primera consecuencia para la ciudad: el eje Gran Vía-Recogidas quedará cortado al tráfico privado durante las 24 horas de los siete días de la semana. Una solución sobre la que habrá que medir sus efectos.

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