Badajoz
Para el calor, la caña; para la caloría, la tapa
La mayoría de los aperitivos que se sirven con la cerveza no se adaptan a la dieta mediterránea
AZAHARA PALOMEQUE RECIO/BADAJOZ
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Una caña y su respectiva tapa puede alegrar el día a más de uno. Qué mejor que una cervecita bien fría en un caluroso día de verano, acompañada de unas deliciosas albóndigas con todo su aceite, su grasa y su guarnición de patatas fritas congeladas. ¿Dónde quedó la dieta mediterránea de la que tanto se presume en España? En los bares de Badajoz, no.
«Mis aperitivos se adaptan a la dieta mediterránea a lo extremeño», confiesa entre risas Paco Fernández, gerente del bar Franquis, mientras sirve una caña con un plato repleto de callos en salsa con patatas cocidas.
Paco no es el único camarero que acostumbra a servir comida caliente cuando el reloj marca la una de la tarde, y la crítica hora de la caña se acerca. Mollejas, salchichas o «pescadito rebozado del bueno», como explica Fernando Pinto, dueño del bar La Plaza, abundan en estos lares de la hostelería extremeña. «Si viene algún vegetariano la lleva clara; en verano le puedo poner un picadillo, pero en invierno se queda sin comer» comenta Paco Fernández. Andalucía, Mallorca o su tierra natal, Argentina, han aportado a Cecilia Pérez una amplia visión del concepto de gastronomía. «La comida es más pesada aquí, luego no tienes más remedio que echarte la siesta».
La dieta mediterránea en Badajo «no se cumple ni de broma», asegura Cecilia.Sus tapas más demandadas: los rebozados, la carne en salsa y el salmorejo. «La gente come para ponerse como un toro». Parte de razón tiene: si se considera que una tapa de carne de cerdo grasa con patatas fritas alcanza las 300 kcal., con seis o siete tapas está cubierto el cupo de calorías a ingerir en un día (de 1800 a 2200).
La gente pide salsa
«Si ponemos estos aperitivos es porque nos los piden», afirma Fernández. «La carne es el plato estrella, y si puede ser con salsa, mejor». Antonio Royano, gerente de La Santina, declara que en verano aún hay gente que prefiere la ensalada a la carne, y el vino a la cerveza (a la que se achaca la famosa barriga cervecera), no obstante «en invierno los jerséis todo lo tapan», y los aficionados al cañeo prueban con gusto la morcilla, «y todo lo que le echen».
Frutas, verduras, e hidratos de carbono, la base de la consabida dieta, suelen brillar por su ausencia en los bares de la capital pacense, donde carne y pescado rebozado ocupan un lugar privilegiado, aun cuando su consumo no deba exceder del 15% del total de alimentos consumidos, según datos de la Universidad de Granada. Las grasas y aceites son lo que menos ha de tomarse por dos razones: su alta aportación calórica y la gran dificultad para eliminar dichas calorías. No obstante, su consumo moderado es necesario, sobre todo el del aceite de oliva, producto estrella de la dieta Mediterránea.
Los clientes
«En Badajoz son un poco borrachines», sonríe Cecilia Pérez, que ha decidido sólo servir tubos. «Friego menos y estoy más relajada porque los clientes tardan un poquito más en beber».
«Yo no soy bebedor, pero la costumbre de las cañas no me la quita nadie», explica Juan José Caballero mientras, apoyado en la barra de La Santina, pide una cerveza. Para él, el periplo de la tapa es todo un ritual de fin de semana. «Nos reunimos todos los amigos y nos echamos unas risas». En esta ocasión ha escogido la cerveza sin, pero cuando va con amigos el alcohol es fundamental.
«He tenido que ir muchos días andando a casa porque no quería coger el coche con el puntillo encima». Aún así, no duda en seguir con costumbre de fin de semana. Juan José prefiere mil veces las cañas a los cubatas. Las ventajas son varias: se saborea la tapa, es más factible la charla puesto que la música, si la hay, está a un volumen asequible y «si triunfas le ves la cara a tu ligue, no como en las discotecas, donde no sabes con quién te enrollas; puede caer cualquiera».
Demetrio Arias no liga porque «mi mujer me ata corto», declara, en lo referente a las salidas y también a la comida. «En mi casa la dieta mediterránea sí que se cumple, pero cuando estoy de tapas me olvido de ella». Demetrio no le hace ascos a unos callos en salsa. «Yo tengo muy buen apetito», comenta mientras toca su prominente barriga sonriendo, en señal de que el tejido adiposo sobrante no le molesta en absoluto.
A elegir
Tener variedad de aperitivos para dar a elegir al cliente lleva «su rato en la cocina», asegura Fernando Pinto, del bar La Plaza. En La Aldaba «se cocina con gusto», comenta Juan Francisco González, el gerente, y se da a elegir al consumidor la tapa que quiera. «También se hace para aprovechar la comida», confiesa.
González cree que la tapa caliente gusta más. Sin embargo, clienta esporádica que prefiere no dar su nombre, comenta que «es cierto que gusta, pero también es más económica y rápida de hacer; freidora y punto».A pesar de estas observaciones, no renuncia a la costumbre de ir de cañas.
Puntos clave
Los lugares preferidos por los pacenses para el tapeo son las calles del Casco Antiguo y la Plaza de Santa María de la Cabeza, sin embargo, la costumbre de la caña y la tapa se extiende a toda la ciudad. «Nos fijamos en otras comunidades, y ahora ya es costumbre aquí también», explica González.
Una rutina que se practica día tras día en las calles de Badajoz, se adapte o no a la dieta mediterránea, engorde más o menos, o termine en charla y sonrisa o, más bien, en verborrea y carcajada limpia, es decir, en borrachera.