El profesor de Historia Medieval de la UGR Rafael Peinado presentó ayer su libro ‘Los inicios de la resistencia musulmana en el Reino de Granada’ (Ed. El Legado Andalusí). El ensayo desvela que lo que hasta ahora se había considerado bandolerismo morisco, en los años previos a la rebelión de las Alpujarras, era en realidad una manifestación de oposición política violenta contra las autoridades cristianas por parte de la población sometida. Presentó el acto Francisca Pleguezuelos, gerente del Consorcio del Milenio del Reino de Granada.
Peinado, que dirige la editorial de la UGR, explicó que el libro representa un cambio en su línea habitual de investigación, sobre el bando de los vencedores, si bien matizó que en la historia de Granada es «simplista» hablar de vencedores y vencidos, porque en realidad «unos ganaron más y otros perdieron más». Fruto de su análisis de los inmigrantes que repoblaron las zonas abandonadas por los musulmanes es otro libro, ‘La conquista castellana’ (Ed. Comares).
La investigación le llevó al Archivo General de Simancas, donde descubrió seis piezas documentales de 1510 y 1511 que describían la brutal represión ejercida por el capitán Juan de Mondragón, de origen navarro y destinado a la costa granadina, sobre los moriscos. Las declaraciones obtenidas bajo tortura de los detenidos por asaltos, robos y crímenes -como el del propio hermano del militar- permiten reconstruir los primeros momentos de la resistencia musulmana. El profesor Peinado destacó, en ese sentido, que su libro es «una primera piedra» en la investigación de este tema relativamente desconocido: «Un estudio a fondo de la documentación de la Capitanía General del Archivo de la Alhambra, que está muy poco estudiado, arrojaría mucha más luz».
El medievalista resaltó que este texto «abre la puerta» a la idea de que el supuesto bandolerismo morisco de los monfíes, que salpicó buena parte del siglo XVI, no era tal. «La conquista de Granada no termina en 1492, sino que hay un enfrentamiento de larga duración que se prolonga hasta la rebelión de la Alpujarra (1568-71) y la posterior expulsión de los moriscos (1609)».
Además del Archivo de Simancas, el investigador analizó documentación de la Real Chancillería y las 6.000 cartas de la correspondencia, ya publicada, del Conde de Tendilla. El primer capitán general de Granada comprendió muy pronto el alcance de aquellos robos y asaltos: en su relato sobre un incidente en el Camino de Beas, al que acudió con sus tropas, López de Mendoza aseguraba que tras interrogar a los asaltantes se dio cuenta de que lo que tenía entre manos «no era un asunto de delincuencia, sino de guerra». El problema morisco, recordó Peinado, no arranca en la conversión forzosa de la población musulmana en 1501, sino en 1510, «cuando empiezan las medidas etnocidas, contra el vestido, la lengua, las costumbres…».
Los actores de aquellos actos de resistencia solían ser moriscos que habían huido al Norte de África y regresaban, solos o acompañados de otros musulmanes, y aquí disfrutaban de la protección de otros moriscos y, a veces, de las autoridades locales. «Los alguaciles, un cargo que los Reyes Católicos potenciaron, formaban parte del equipo de colaboracionistas y eran un elemento importante para el cobro de impuestos, pero al mismo tiempo jugaban con los suyos», explicó. En general eran jornaleros pobres, pero también había gente de cierto poder económico y ganaderos ricos de la Alpujarra. «Fue una resistencia interclasista».
Descuartizados o esclavos
La comarca entre la Sierra y la Costa, con vías de escape por tierra y mar, era uno de los escenarios favoritos para sus ataques, que iban desde el atraco a caminantes con dinero o mercaderes de sedas hasta el destrozo de bienes que simbolizaban el poder político y religioso, como el robo de las escrituras del concejo de Motril o el destrozo del retablo de una iglesia.
También había peligro en los caminos reales de Granada a Motril o a Guadix y de Almería a Baza. Los resistentes detenidos fueron brutalmente reprimidos: su destino era la esclavitud o el descuartizamiento.
El profesor encontró noticia de medio centenar de actuaciones de la resistencia entre 1490 y 1515. Serían muchas más, matizó, si se incluyera la huida, que era la forma mas habitual de resistencia, aunque en este caso pasiva. Las familias escapaban por la noche y se marchaban en barcos llegados del Norte de África para no regresar jamás.
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