El arte al desnudo
Los modelos que trabajan para la Facultad de Bellas Artes pasan cada día más de diez horas posando en cueros para que los estudiantes hagan sus dibujos, pinturas y esculturas
LOURDES SÁNCHEZ //FOTO: RAMÓN L. PÉREZ / GRANADA
El arte al desnudo
Una estudiante observa a Jorge mientras trabaja como modelo en un aula.
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TRABAJAN más de diez horas al día. Son mileuristas. Se convierten cada jornada en el punto de mira de cientos de ojos ante los que permanecen inmóviles durante el tiempo que haga falta Y su uniforme de trabajo es simple: su propia piel. Se trata de los modelos que desde hace años han puesto sus cuerpos a disposición de la docencia y del arte, eso sí, desnudos como Dios los trajo al mundo.
Un estilo de vida poco habitual con el que los catorce modelos que trabajan cada día en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada pueden ganarse el pan. Eso sí, después de muchas reivindicaciones sobre su situación laboral, que hace unos años dejaban mucho que desear.
Pudor fuera
Posar desnudo no es fácil. Más allá del pudor, que es mejor no conocer para desempeñar este trabajo, están las contracturas, los dolores cervicales… producto de las largas horas de poses totalmente antinaturales que tienen que adoptar en muchas ocasiones. Francisco Javier tiene 37 años y lleva más de diez mostrando sus cueros a los estudiantes. Es licenciado en Bellas Artes y antes que opositar prefirió ser modelo. Las horas que pasa en la tarima se le hacen a veces interminables, teniendo en cuenta que en su tiempo libre es un gran deportista. «El tiempo que podría pasar jugando un partido de baloncesto lo paso quieto. A veces no me queda otra que apretar los dientes y aguantar como sea». La paciencia es, sin duda, un factor fundamental.
Vale la pena
Es el lado negativo, aunque tiene otro mucho más tentador que atrapa a los que se dedican a ello. «Cuando ves un trabajo bien hecho, el esfuerzo cobra sentido más allá de la nómina de fin de mes», asegura Francisco Javier con humor. «Trabajar con mucha gente que tiene muchas inquietudes, ver cómo un trabajo artístico empieza, se desarrolla y termina. Comprobar cómo gente con mucha calidad toma como referente tu figura para algo que es estéticamente muy agradable es una gran satisfacción», reconoce Jorge Manuel que es delegado de los diez modelos de la empresa EULEN que la Universidad subcontrata. Está en esto desde 1995 y antes era monitor en unos talleres terapéuticos para toxicómanos, pero se presentó a un casting que convocó la Universidad y fue seleccionado. Desde entonces vive su día a día al desnudo. «Ver cómo te utilizan como referente, ganan premios, consiguen becas, es gratificante y además tiene gracia».
La naturalidad es esencial en este trabajo. «El desnudo tiene la importancia que uno quiera darle», dice Jorge, que lo considera algo totalmente natural y más teniendo en cuenta que lo hace dentro del ámbito docente. «Hay que tener cierta sensibilidad a la hora de transmitir, en las diferentes posturas, sensaciones que le permitan a un estudiante poder realizar un dibujo, escultura o pintura dentro de un contexto artístico. «Trabajamos en una facultad de bellas artes, no en una fábrica de maniquíes», afirma Jorge.
La idea de llegar a los 65 años y jubilarse como modelo de desnudos no es descartada por ninguno de ellos. «No somos modelos de pasarela que trabajamos a golpe de talonario y tenemos un trabajo limitado en relación a nuestra juventud», reflexiona Jorge, que asegura conocer muchos casos de personas que han llegado a jubilarse desempeñando esta labor. Él tan sólo tiene 36 y todavía ve lejos este momento. «Estoy abierto al cambio, pero me da lo mismo pasear las carnes con una cierta edad», asegura Francisco. Y es que el cuerpo puede envejecer con dignidad y la edad no tiene por qué ser una limitación.
La belleza es relativa. No son cuerpos perfectos, aunque sí proporcionados. «La perfección no es lo que se valora artísticamente en un cuadro o una obra de arte», afirma Jorge. «Tan bello es un cuerpo estándar que uno de modelo de pasarela, que uno más grueso, alto o bajo», señala.
Anécdotas
En tantas horas de trabajo hay momentos aburridos, divertidos, gratificantes e incluso algunos que llegan a ser cansinos. «Todo el mundo me pregunta lo típico, la pregunta morbosa, pero eso no pasa. Cuando estás en público no puedes tener una erección», comenta Francisco. En otras ocasiones la sensación que te transmiten es más gratificante.
«¿Jorge, ayer te vi en el autobús!». Así interpelaba una vecina al modelo sorprendida por haber visto a su vecino como imagen de una pintura, obra de un alumno de Bellas Artes que iba en el autobús número 9 camino de la facultad.
De lo que no cabe duda es de que la profesión que desempeñan es especial; no todo el mundo estaría dispuesto a desempeñarla. Tienen la posibilidad de dejar su impronta en el arte, que no es poco.
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