El Campus de la Salud busca un millón de metros para que no se fuguen 34 empresas
Las compañías que se han instalado en la incubadora desde que se abrió en 2003 tienen que dejarla a los tres años Jesús Quero quiere localizar los solares en 2005, comprarlos en 2006 y que estén para funcionar en 2008
QUICO CHIRINO/GRANADA
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El Campus de la Salud tiene overbooking de I+D pero le faltan m2; que traducido resulta: han llegado tantas empresas que comienza a quedarse pequeño. La dirección del Parque Tecnológico está buscando ya terrenos para la segunda fase de las instalaciones. Unos solares que, según calcula el delegado de Innovación, Ciencia y Empresa, Alejandro Zubeldía, rondarán el millón de metros cuadrados.
La urgencia no es que sea imperiosa, pero tampoco sobra, precisamente, tiempo. Un detalle: el banco de empresas -una especie de vivero- cobija ya a 34 proyectos de investigación y desarrollo y madura otros 16; una actividad que ha generado 213 puestos de empleo directos y que supuso una inversión inicial de siete millones de euros.
Pero estas compañías punteras -Nostracom o Kandor Graphics, entre muchas otras- tienen tres años de cobijo en la incubadora, periodo durante el que reciben ayudas y subvenciones. Después, tienen que abandonar el nido para instalarse en su propio edificio. Sería imperdonable que, por falta de espacio, estas compañías se fueran a otra provincia después de haber despegado al amparo del Campus de la Salud.
Cuenta atrás
El banco de empresas -bautizado de forma rimbombante como BIC del CEEI- fue inaugurado por el presidente de la Junta, Manuel Chaves, el 17 de octubre de 2003. Según las cuentas dentro de año y medio, las primeras compañías que aterrizaron en estas instalaciones tendrán que marcharse. Tampoco es tan catastrofista, siempre existe la posibilidad de que la misma administración que acordó los plazos prorrogue el convenio para retener a las empresas, pero esto taparía la entrada de nuevas compañías.
Multiplicar por tres
La buena aceptación del banco de empresas sí ha encendido la lucecita y ha acelerado las gestiones para comprar nuevos terrenos, ya que la primera fase del parque está comprometida casi al cien por cien. La ampliación del Campus no es nada nuevo. En diciembre de 2003, ya se contempló triplicar el suelo disponible -700.000 metros cuadrados- para atraer a las empresas. En esos momentos, la alternativa para multiplicarse estaba en la bolsa de suelo compartida por los municipios de Armilla y Los Ogíjares. Esta situación ha cambiado.
Zubeldía confirma que han visto algunos solares entre la franja Santa Fe-Dúrcal -es decir, todo lo posible-. Pero hay más pistas para saber por dónde va a abrir los brazos el Parque Tecnológico.
La salida del Ayuntamiento de Los Ogíjares del Campus el pasado mes de diciembre -y de sus 700.000 metros cuadrados reservados para la expansión en el término municipal- han tapado una vía natural de crecimiento. Una alternativa que, en cualquier caso, la dirección del Parque Tecnológico había descartado de antemano.
Según el gerente del Campus de la Salud, Jesús Quero, la adquisición de los terrenos de Los Ogíjares era «inviable» por un proceso «especulativo» que -dice Quero- es achacable al Ayuntamiento de la capital en la etapa de Díaz Berbel, cuando se firmaron los convenios para expropiar y comprar los actuales solares del Parque Tecnológico. «José Moratalla quiso cambiar esos acuerdos cuando llegó al Ayuntamiento en 1999 pero se habían inscritos con una rapidez inusitada y no tenían marcha atrás», sostiene.
A menor precio
Jesús Quero recuerda que, hace seis años, se pagaron más de 80 euros -12.000 pesetas- por cada metro cuadrado de uso agrícola. «Esto ha provocado que los precios de referencia se hayan contaminado», se refiere Quero a la posibilidad de comprar solares contiguos, como es el caso de Los Ogíjares. Quero ya ha asimilado que la expansión será por otros senderos, que estén bien comunicados pero no pegados al actual Parque Tecnológico. Se busca un terreno que no tenga un valor ecológico comprometido, al ser posible, que sea de propiedad pública y que no esté muy fragmentado, como era el caso de las parcelas de Los Ogíjares, donde habían 180 dueños diferentes, relata Quero. Y el precio que se pague por cada metro cuadrado, eso sí, tiene que ser -comparativamente, seis años después- «infinitamente» inferior a los 80 euros que se pagaron en 1999.
Otra posibilidad -además de la ampliación- es buscarle un hueco a las empresas en otros polígonos cercanos, principalmente en Profitegra. Las empresas que se instalen en el macropolígono de Escúzar serán mayoritariamente industrias. Profitegra cuenta ya con 86 empresas de pleno derecho que ocuparán parcelas a partir de 10.000 metros cuadrados cada una de ellas. Otras cuarenta empresas esperan entrar en la asociación con proyectos comprometidos y que precisan parcelas más pequeñas.
Pero si los plazos que se manejan se cumplen, el problema no será el espacio. Las previsiones de Jesús Quero son localizar los terrenos para la ampliación del Campus este mismo año, comprarlos en 2006, urbanizarlos al año siguiente para que, en 2008, cuando la primera fase del Parque Tecnológico quede completada, esté ya todo listo para arrancar la segunda. Y evitar de esta forma que el medio centenar de empresas que han solicitado instalarse en la incubadora de I+D tengan que emigrar.
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