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El Nobel de Luc Montagnier Investigar y cooperar en sida

El Nobel de Luc Montagnier Investigar y cooperar en sida

LA concesión ayer del Premio Nobel a Luc Montagnier ha sido un acto de estricta justicia. Su concesión se ha demorado, lamentablemente, mucho tiempo por motivos extraacadémicos -la polémica con Robert Gallo sobre la prioridad del descubrimiento-, desde que en 1983 junto a la también galardonada Françoise Barré-Sinoussi descubrió e identifico el virus del sida. La relevancia de su descubrimiento y su actitud constructiva durante todos estos años en los que la polémica ha estado presente incluso en los medios de comunicación han logrado convencer a la Asamblea Nobel de que Luc Montagnier no es sólo el gran científico que es, sino un ser humano de carácter excepcional.

Luc Montagnier nació en Chabris en 1932 y tras doctorarse en Medicina inicia su carrera como investigador en el campos de la virología. En 1972 fue nombrado jefe de la Unidad Oncológica Viral del Instituto Pasteur en la que durante muchos años se dedicó a la investigación de los retrovirus. En 1983 y en su modesto laboratorio de París identifica el virus y comienza a investigar sobre las pruebas necesarias para su detección diagnóstica así como sobre los distintos cofactores que junto al virus contribuyen al desarrollo de la enfermedad. En los últimos años Luc Montagnier ha presidido la Fundación Mundial para la Investigación y la prevención del sida. Su objetivo ha sido y es estimular la cooperación internacional entre los centros de investigación de alto nivel y aquellas zonas endémicas del planeta en las que el sida sigue ocasionado estragos. En este sentido la Fundación ha creado centros de investigación en Costa de Marfil y Camerún con investigadores de dichos países y e investigadores cooperantes que han desarrollado programas de colaboración con distintos centros y universidades europeas.

En este contexto es en el que tuve la oportunidad de conocer y tratar a Luc Montagnier. En efecto desde el Instituto de Salud Carlos III, que tuve el honor de dirigir, y que es posiblemente el centro español con más experiencia en la investigación del sida, promoví la cooperación con la Fundación de Luc Montagnier en África y en América Central. El año pasado con motivo de mi candidatura al Rectorado tuvo la generosidad de venir a acompañarme para explicar el modelo de investigación y cooperación que ambos compartimos y que yo propugnaba para la Universidad de Granada. Su contacto con los alumnos en el Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago y con el público que abarrotaba el auditorio de la Caja Rural figurará para siempre en el recuerdo de todos aquellos que tuvimos la oportunidad de escucharle. Durante su visita a la Alhambra y el Albaicín pude comprobar una vez más su cálida humanidad y su interés por los paisajes y las cosas de Granada. Si tuviera, sin embargo, que destacar un recuerdo de su visita no dudaría en elegir la reflexión que dirigió a los numerosos estudiantes que sentados en el suelo del patio del Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago le oían arrobados. «Lo importante -decía quitándose importancia- no es descubrir el virus, lo importante es deshacerse de él. Y ese es el reto de nuestro tiempo, ese es vuestro reto».

A Luc Montagnier se le ha otorgado ayer el Premio Nobel de Medicina. En pocas ocasiones como en ésta la investigación a su más alto nivel, la cooperación como proyección social de la ciencia y la sencillez han coincidido en una misma persona de un modo tan ejemplar y simbólico. Al otorgarle el premio el Instituto Karolinska honra sin duda a Luc Montagnier pero también hace honor, en un altísimo grado, a los valores científicos y sociales que Alfred Nobel quiso estimular cuando a finales del siglo XIX impulsó y promovió sus premios.
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