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Estudiantes y esclavos

Estudiantes y esclavos.

UNA profunda tristeza me atenaza el corazón cada mañana cuando a las ocho voy hacia el trabajo y observo a numerosos niños pequeños (algunos no contarán ni cuatro años) con sus grandes carteras camino del colegio. A veces no se ha roto aún la noche, a veces llueve, a menudo hace frío , y yo los miro y pienso: ¿Cuánto les queda todavía que padecer!

Hoy sabemos que un elevado porcentaje de alumnos españoles no acaba la enseñanza secundaria obligatoria. Demasiadas materias de estudio, demasiada aridez, demasiados obstáculos, demasiados deberes como una segunda jornada laboral. Dijérase que existe una voluntad superior, invisible, que dictamina que muchos de esos muchachos no lleguen a obtener su graduación.

Inmediatamente después, para los pocos que lo consiguen se abren dos posibilidades: un módulo, que en realidad podían haber comenzado bastante antes y que, con suerte, los conducirá a un empleo poco cualificado, o un bachillerato que en dos cursos pretende comprimir todos los conocimientos del mundo. También ahora parece existir una conjura a fin de que los jóvenes deserten y escojan la senda más fácil: el módulo y/o uno de esos trabajos donde pueden ser explotados y despedidos impunemente. Sigue pareciéndome que tanta fatalidad no es casual.

Alcanzan por fin unos pocos el título de bachiller ya con la voluntad domada y se encuentran con una prueba más: la selectividad. Y los que la superan podían hasta ahora iniciar sus estudios universitarios. Ayer, sin embargo, leí en el periódico que, por la puesta en marcha del nuevo Espacio Europeo de Estudios Superiores, la Universidad de Granada (e imagino que las restantes del país igual) recortará el próximo curso su número de plazas. O, hablando en romance paladino: que gran parte de los que aprueban su bachiller y su selectividad tendrán que irse también a los módulos y a buscar un empleo de tercera porque ese recorte de miles de plazas en cada universidad les hará imposible elegir los estudios apetecidos.

Ya no me cabe la menor duda. Tras de la Logse, la más nefasta ley de educación que jamás ha existido, tras el dificilísimo bachillerato y tras esta nueva medida disuasoria se encuentra una voluntad superior, posiblemente ligada a las altas esferas del capitalismo triunfante. Es el plan de la globalización: convertir en esclavos a casi todos los hombres; no dejar que se acerque al saber la mayoría de ellos.

En mi juventud, por algo mucho menos grave los estudiantes y los sindicatos, se movilizaban, salían a la calle, organizaban sentadas y manifestaciones. Hoy los sindicatos están comprados y los estudiantes no se enteran de nada. Las actuales enseñanzas medias los han convertido ya en auténticos robots. Los cerebros del gran capital deciden por ellos.

¿Han observado ustedes como todo lo que huele a corrupción se enmascara con un nombre pomposo? Llega el Espacio Europeo de Estudios Superiores.
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