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Feminismo e izquierda no van de la mano

La editorial de la UGR presenta un libro sobre las relaciones entre las distintas ideologías del siglo XX y la demanda de igualdad de las mujeres
Las profesoras Ana Aguado, de la Universidad de Valencia, y Teresa María Ortega, de la de Granada, presentaron ayer en el marco de la Feria del Libro el ensayo ‘Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX’, del que son editoras y, junto a otras once investigadoras, coautoras. El libro analiza las relaciones entre la identidad de género y las diferentes culturas políticas que se sucedieron a lo largo del siglo -liberalismo, conservadurismo, socialismo, comunismo, anarquismo, catolicismo, fascismo-, mayoritariamente construidas por y para hombres.
«Es un error identificar la izquierda con el feminismo y al conservadurismo con posturas antifeministas -explicó ayer la profesora Ortega, en declaraciones a IDEAL-. De hecho, en el seno de las propias culturas políticas vinculadas a la izquierda, como la republicana, la socialista o la anarquista, hay manifestaciones antifeministas. En el libro hemos tratado de romper esa visión simplista».
Por ejemplo, algunas de las investigadoras que participan en esta monografía destacan que movimientos conservadores y ligados a la Iglesia cobijaron a grupos de mujeres que reivindicaban una voz propia en la esfera pública, aunque siempre en un papel de subordinación respecto a los hombres, como fue el caso de Acción Católica o de la Sección Femenina de Falange.
En ese sentido, Teresa Ortega explica en su artículo el adoctrinamiento de las mujeres de clase media por parte de los partidos conservadores durante la Segunda República. Frente a su abierta misoginia de años anteriores, la derecha asume que la República ha concedido el derecho a voto a las mujeres y trabaja para atraerse su apoyo. Sin embargo, la profesora cree que es aventurado asegurar que el triunfo de las derechas en 1933 se debió al sufragio femenino. «Es difícil de averiguar -afirmó-. Para comprender ese cambio hay que tener en cuenta todo lo que ocurre entre 1931 y 1933. La explicación fácil es decir que el giro político se produce porque las mujeres son de naturaleza conservadora».
Pragmatismo franquista
En cualquier caso, todo ese «rico debate» sobre los derechos de las mujeres que se produjo en las diferentes ideologías -incluida la derecha- durante los años 20 y 30 se interrumple con la Guerra Civil. El feminismo queda, si no muerto, al menos «adormecido» durante la dictadura de Franco. «Con el pragmatismo que siempre le caracterizó, el franquismo trató de atraerse a las mujeres como sostenedoras del regimen -señaló la experta-. La política social y laboral castigaba la presencia de las mujeres en el ámbito público, pero el régimen trató de tenerlas muy presentes, aunque fuese en un plano de subordinación».
Otra idea que el ensayo quiere subrayar es que feminismo y antifeminismo, aun siendo antagónicos, han ido siempre muy asociados en la historia española reciente: es decir, cada vez que los derechos de las mujeres han estado en la agenda política, ha habido movimientos de rechazo a la plena igualdad entre los sexos. Así, la lucha de las mujeres por estar presentes en la vida política ha corrido paralela a la resistencia de los varones que veían cuestionada su autoridad.
En el siglo XX, recordó la profesora, ha habido «dos grandes momentos» de esa lucha: el cambio del siglo XIX al XX, cuando surge en España un movimiento reflejo del sufragismo anglosajón en demanda del derecho a voto femenino, y los años 60 y 70, cuando la apertura del franquismo y los cambios socioeconómicos que incorporan a las féminas al mundo laboral coinciden con el renacer del feminismo en todo el mundo en pro de derechos como la libertad sexual o los anticonceptivos.
En la Transición, subrayó Ortega, todos los partidos son conscientes de que en la nueva etapa que comienza las mujeres tienen que ser ciudadanas de pleno derecho. Pero eso no significa que las demandas de las mujeres tengan satisfacción inmediata: en el seno de los diferentes partidos, incluso los progresistas, sigue habiendo «contradicciones» entre la teoría y la realidad, y los hombres se resisten a aceptar el nuevo protagonismo de sus compañeras.
La situación actual, concluyó la investigadora, es fruto de todo ese siglo de avances y retrocesos, de lucha de las mujeres por encontrar su lugar en la historia.
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