Historia clínica del mundo
Medicina y religión estuvieron estrechamente unidas durante milenios En el Renacimiento, científicos y artistas se esforzaron por describir el cuerpo La penicilina fue un hito en la victoria sobre numerosas infecciones letales
Uno entra en el ambulatorio, espera el rato de rigor, le cuenta a su médico el estado de sus achaques, antiguos o recientes, y el galeno le hace una receta, le aconseja algún remedio natural o le da un volante para hacerse una prueba en el hospital. Casi nunca somos conscientes de ello, pero detrás de ese sencillo acto hay una historia larga, larguísima. Es la historia de la Medicina: llena de tropiezos y errores, pero también de progreso, dedicación y genialidad. El hecho es que el arte de curar es tan viejo como la humanidad, si bien nosotros hemos tenido suerte: los primeros \’sanadores\’ eran brujos o chamanes que confiaban la mejora de sus \’pacientes\’ a la voluntad de los dioses. En rigor, el progreso científico ha erradicado del planeta una sola enfermedad -la viruela-, pero también es cierto que ha convertido mortíferas plagas del pasado en dolencias menores o, al menos, minoritarias. El catedrático de la Universidad de Granada Blas Gil Extremera acaba de publicar \’La Medicina, pasado y presente\’ (Ed. Alhulia), donde bucea en los orígenes de su profesión, recorre los principales hitos de sus colegas y reflexiona sobre las luces y sombras de la historia.
PREHISTORIA
El enfermo culpable y el médico-brujo
El análisis de restos humanos antiguos ha demostrado que nuestros ancestros sufrían enfermedades conocidas: aparte de anomalías congénitas, diabetes, gota, lepra, poliomielitis, sífilis y cáncer, entre otras. Este tipo de hallazgos echó por tierra la visión idílica de la prehistoria como una época de felicidad en la que el dolor no tenía cabida, personalizada por Rousseau en la figura del \’buen salvaje\’. De hecho, estar enfermo en las sociedades primitivas era bastante problemático. Se consideraba que uno tenía la culpa de su afección, por haber transgredido algún tabú o precepto moral y tener en contra a las fuerzas divinas o malignas. En consecuencia, se le consideraba un apestado y era apartado de la comunidad o abandonado a su suerte. Casi siempre, mala. La alternativa tampoco era muy esperanzadora. La medicina primitiva estaba en manos de videntes, curanderos, sacerdotes, hechiceros, brujos, santones o chamanes. Una vez consultados los dioses, su arsenal terapéutico incluía, aparte de calor, agua, masaje y cirugía (por ejemplo, la trepanación del cráneo para hacer \’salir\’ el mal), el uso de amuletos, rituales o sacrificios.
GRECIA Y ROMA
El primer código y el juramento hipocrático
En Mesopotamia los enfermos se ponían primero en manos de adivinos y exorcistas y, después, los médicos operaban o recetaban fármacos. El Código de Hammurabi ofrece uno de los primeros \’códigos deontológicos\’: «Si el médico, al abrir un absceso, mata al paciente, sus manos deberán ser cortadas». Si el fallecido era un esclavo, podía conservarlas, siempre que lo sustituyera por otro vivo.
Los griegos fueron los primeros que prefirieron encontrar en el propio cuerpo humano, y no en los deseos divinos, los motivos de la enfermedad. Empédocles aventuró que «la pérdida de la salud era debida al estado de desequilibrio de los cuatro elementos que, según él, constituían la vida»: tierra, aire, fuego y agua. Esta fue la base de la \’teoría humoral\’ -de humor, entendido como líquido o fluido- que dominó la Medicina hasta finales del siglo XVII.
A Hipócrates (460-377 a.C.) se le conoce como padre de la Medicina, sobre todo por su famoso Juramento, un compromiso ético de los médicos con la ciencia y con sus pacientes que sigue vigente en nuestros días. Por lo demás, el sabio de Cos entendía la salud como el equilibrio entre los cuatro humores: sangre, moco, bilis amarilla y bilis negra. Pese a ello, tuvo la genialidad de intuir que muchas enfermedades tienen su origen en causas ambientales, en la dieta y en el estilo de vida de las personas.
Claudio Galeno (129-216) fue médico de gladiadores, pero su fama la adquirió en Roma gracias a sus conocimientos de anatomía, que obtuvo diseccionando cabras, cerdos y monos. Sus prescripciones dietéticas fueron seguidas durante quince siglos. El respeto a su figura se muestra en el hecho de que \’galeno\’ se ha convertido en sinónimo de médico.
EDAD MEDIA
Una época de oscurantismo
Por desgracia, leer la obra de Galeno fue de lo poco que los médicos hicieron entre el siglo V y el XV. Diagnosticaban tras examinar las excretas y recetaban dieta, reposo, ejercicio, baños, purgas o sangrías. «Este oscuro milenio ofreció escasos avances a la ciencia», sentencia Gil Extremera en su libro.
No obstante, en la Edad Media hubo algunos hitos, como la aparición de la primera escuela de Medicina, la de Salerno -donde, por cierto, estudiaban mujeres- , o la creación de los primeros hospitales, casi siempre a cargo de órdenes religiosas. El centro del saber se trasladó a Oriente: el persa Avicena y el judío andaluz Maimónides fueron dos de los sabios más destacados de la época.
RENACIMIENTO Y BARROCO
La obsesión por la anatomía
En un momento de descubrimientos geográficos y astronómicos trascendentales, la curiosidad por el cuerpo humano alcanzó su apogeo: tanto los científicos como los artistas -y figuras a medio camino entre ambos, como Leonardo da Vinci- se obsesionaron por la anatomía. Los objetos pasivos de este afán por conocer los entresijos del organismo fueron muchas veces indigentes y delincuentes muertos a manos de la Justicia, como los que diseccionó el pionero Mondino de Luzzi para escribir su tratado. El flamenco Andreas Vesalio (1514-1564) revolucionó con su libro \’La fábrica\’ el conocimiento del cuerpo: contenía doscientas precisas ilustraciones y explicaba la forma correcta de diseccionar cadáveres.
E. MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
La época de los grandes descubrimientos
Entre los siglos XVI y XIX la Medicina se benefició de los avances y descubrimientos obtenidos a través del método científico. Poco a poco fueron quedando atrás las especulaciones y las explicaciones esotéricas y ganaron terreno los conocimientos comprobados empíricamente. La Medicina experimentó un gran impulso de la mano de científicos como Louis Pasteur, que estableció los principios de la asepsia y la antisepsia, Robert Koch (bacilo de la tuberculosis), Edward Jenner (vacuna), Gregor Johan Mendel (leyes de la genética), Roentgen (rayos X), Marie Curie (radio) o el español Ramón y Cajal, que descubrió la individualidad de la neurona, entre otros muchos. Al mismo tiempo, la profesión médica adoptó procedimientos que mejoraban el tratamiento de los enfermos, como la auscultación, la percusión torácica, la visita clínica hospitalaria o la toma de la temperatura corporal mediante un termómetro.
HOY
Alianza entre tecnología y humanismo
A lo largo del siglo XX, la esperanza de vida en Europa era de unos 50 años; hoy ronda los 80. En la primera mitad de la centuria los esfuerzos se centraron en la lucha contra las infecciones, que tuvo su principal hito en el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1928. En la segunda mitad, señala el autor, «vieron la luz avances en biología celular, bioquímica y fisiología, que abrieron, respectivamente, el camino a métodos diagnósticos más precisos, terapéuticas más eficaces y la irrupción de procedimientos no invasivos capaces de reconocer la intimidad de los órganos, como los ultrasonidos, la TAC y la resonancia magnética nuclear». Para el catedrático, la inclusión de la atención médica entre los «derechos inalienables» de los ciudadanos del Estado de Bienestar marcará para siempre la relación médico-enfermo.
Pese a los espectaculares avances tecnológicos, la Medicina tiene aún entre sus retos, a comienzos del siglo XXI, la lucha contra terribles enfermedades, del cáncer al sida, de la diabetes al alzheimer. Pero uno de sus principales retos, asegura Blas Gil, es regresar a aquella preocupación original del médico por su paciente, en la búsqueda de una medicina integral, ética y humana.
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