TRIBUNA
Historia y masonería
FRANCISCO LÓPEZ CASIMIRO/
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SE ha dicho que la historia de la masonería española era una historia hecha a la diabla. Ciertamente era una historia manipulada, de modo que los autores masones, obsesionados por dar prestigio a la institución, incluyeron entre sus miembros a grandes personajes. Con propósitos opuestos, los autores antimasónicos han responsabilizado a la masonería de los más graves problemas de nuestra historia contemporánea. Hasta hace poco más de tres décadas, hasta los trabajos pioneros de José A. Ferrer Benimeli no existían investigaciones serias y rigurosas. Bajo su presidencia, en 1984, se constituyó el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española que, amén de varios cursos de verano, ha organizado 10 symposia internacionales, precisamente la próxima semana, los días 6-8 de julio, se celebrará en Logroño el XI Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española. Ya se puede decir que la historia de la masonería ha entrado en la universidad. Hasta la fecha se han leído 20 tesis doctorales, 5 de ellas en la universidad de Granada, casi todas dirigidas por Juan C. Gay Armenteros.
A pesar de cuanto antecede, hace poco más de un mes, en estas mismas páginas, Carlos Asenjo se preguntaba si el extemeño Diego Muñoz Torrero, que pronunció el discurso inaugural de las Cortes de Cádiz, propuesto para el obispado de Guadix en 1821, fue masón, y si por su militancia masónica Roma no lo aceptó. La historia se hace con documentos, de modo que deben publicarse esos «documentos informales» para saber qué valor puede dársele. Hasta el día de hoy, de los estudios sobre la masonería y los masones en las Cortes de Cádiz y en las Cortes del Trienio Liberal cabe negar la pertenencia a la masonería de Diego Muñoz Torrero.
Los estudiosos de la historia de la masonería sólo nos atrevemos a afirmar que una persona ha formado parte de la institución cuando existe constancia documental de la logia en la que se inició o se afilió, la fecha, el nombre simbólico que adoptó y el grado que en la jerarquía masónica alcanzó.
Quizás por no ser historiadores ni haber publicado nada sobre masonería, el director y la secretaria del curso Masonería y Estado Constitucional, que organizado por la UNED, se celebrará en Alcalá la Real del 10 al 14 de julio próximo, se hayan atrevido a afirmar en el programa y resumen del curso que Baldomero Espartero y Pi y Margall fueran masones, cuando no constan que lo fueran. Han ignorado, sin embargo, a ilustres juristas como Felipe Sánchez Román y Luis Jiménez de Asúa, que sí pertenecieron a la Orden del Gran Arquitecto del Universo. Sánchez Román fue, durante la Restauración, catedrático de nuestra universidad y durante varias legislaturas senador por la misma, y Jiménez de Asúa, elegido diputado por Granada, presidió la Comisión Constitucional de las Cortes Constituyentes de la II República.
Para mayor abundamiento debo referirme a la noticia publicada en un periódico de Madrid sobre la presentación de la revista Conde de Aranda, que tiene como objetivo «terminar con las infamias de la persistente historiografía franquista». Mal empieza la publicación, podrían sus redactores haberse documentado, porque hace un cuarto de siglo que, José A. Ferrer Benimeli, el mejor conocedor del Conde de Aranda, ha escrito que todavía está por probar que fuera masón.
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