La discriminación por razón de género es histórica, más en ámbitos como el de la ciencia, tradicionalmente ocupados por hombres. El debate sobre la escasez de mujeres en la ciencia surgió a raíz de un estudio de investigación realizado en 1997 y financiado por el Consejo de Investigación Médica de Suecia. Éste demostró que las mujeres tenían que ser 2,2 veces más productivas que sus colegas varones para recibir apoyo financiero.
Han pasado trece años y poco ha cambiado el panorama, por eso un grupo de mujeres científicas pidió ayer en Granada a las administraciones públicas un refuerzo de las medidas puestas en marcha para la conciliación familiar de las jóvenes investigadoras con el objetivo de que se pueda alcanzar la igualdad en los centros de investigación, donde hay aún mayoría de hombres.
«Si no, será difícil llegar a igualar», señaló María Dolores Suárez Ortega, vicerrectora de Política Científica e Investigación de la Universidad de Granada. Pero ya se han andado algunos pasos en este camino porque, según el informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas 2009, el aumento de profesoras de investigación (PI) alcanza actualmente el 22%, acercándose así al objetivo fijado: un 25% al terminar 2010. Este aumento también ha sido significativo en lo que respecta a las investigadoras científicas (IC), que llegan al 32%. Por último, el CSIC ha logrado superar la barrera del 40% respecto a las científicas titulares (CT).
Rosa María Nieto Liñán, científica en el Instituto en Formación de Nutrición Animal, reconoció en la mesa redonda celebrada en la Estación Experimental del Zaidín que durante su trayectoria no ha sufrido discriminación por el hecho de ser mujer aunque sí notó diferencias cuando decidió ser madre.
«Nosotras podemos experimentar ciertos frenos por la falta de ayudas para la conciliación familiar y es a veces difícil asumir cargos de responsabilidad por el estrés adicional que ello supone», explicó Nieto Liñán.
Por su parte, Nuria Ferrol González, del departamento de Microbiología del Suelo y Sistemas Simbióticos de la estación experimental, se congratuló de los obstáculos que han sido vencidos durante los últimos años para que hoy sea posible que «el sistema» seleccione «a los mejores» independientemente de su sexo. A pesar de todo, las estadísticas aún reflejan un lado negativo, y en el área de recursos naturales los datos del CSIC muestran un claro estancamiento en la promoción a profesoras de investigación.
En docencia
Las cotas de igualdad ascienden a medida que se baja en el escalafón de los departamentos universitarios, según María Dolores Suárez Ortega, vicerrectora de Política Científica e Investigación de la Universidad de Granada, quien cifró en un 33% el número de mujeres sobre el total de profesores titulares en las universidades andaluzas.
Según datos de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, hay 8.300 mujeres en el cuerpo docente e investigador andaluz, lo que supone un 34% del total, pero sólo el 22% de los catedráticos andaluces son mujeres.
En la Universidad de Granada, los datos indican algo menos de un 20% de catedráticas pero un poco más del 50% de profesoras titulares, así como una cantidad similar de becarios y becarias de investigación, en la misma línea de lo que sucede en otras categorías inferiores de la carrera investigadora.
Las cifras indican una constante «evolución positiva», reconoció la vicerrectora, que destacó que desde 2001 a 2009 el número de catedráticas en la universidad ha pasado de 38 a 86, y que alrededor del 50% de cátedras y plazas de profesores titulares acreditadas en el curso 2008-09 han correspondido a mujeres.
Para no frenar esta tendencia ascendente, las mujeres investigadoras en Granada pidieron que las científicas jóvenes, cuyo inicio de carrera suele coincidir con la maternidad, tengan más medidas como la que obliga a suspender la contabilidad del periodo de vigencia del contrato de la profesional durante su maternidad.