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La clase con menos alumnos

GRANADA
La clase con menos alumnos
En la Filología Hebrea y Portuguesa sólo se matricularon este año dos estudiantes nuevos y en las aulas reciben lecciones particulares
01.03.09 –
ANDREA G. PARRA
| GRANADA
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La clase con menos alumnos
María, Jana y Guillermo en clase de Literatura Bíblica y rodeados de sillas vacías en un aula de la Facultad de Filosofía donde atienden las explicaciones dela profesora Caballero. /R. L. PÉREZ
«Hay bastantes clases en las que estamos las dos solas». Son María Requelme y Jana Amanda Sánchez y estudian Filología Hebrea en la Universidad de Granada (UGR). A ellas a diferencia de los miles de estudiantes de la institución universitaria sus profesores las llaman por sus nombres. Asumen que reciben clases, se podría decir que particulares. Están matriculadas en la titulación que junto con Filología Portuguesa tiene menos alumnos.
Este año sólo se han matriculado dos alumnos nuevos en Filología Hebrea y el mismo número en Portuguesa. En conjunto en Hebreo tienen siete alumnos y en Portuguesa cuatro, según los datos de Estudiantes. Son titulaciones de segundo ciclo y son las llamadas minoritarias. Detrás hay muchas connotaciones y un debate, que a los docentes de Hebrea confiesan que les cansa. Explican que hace mucho que se habla de la continuidad o rentabilidad de estos estudios.
Las clases de los alumnos de Hebreo de todos modos son, por calificarlas de algún modo, singulares. Lo son porque los docentes explican sólo a dos o tres alumnos y lo son porque en contraposición con clases de Económicas o de cualquier otro estudio de la UGR hay que ir con los deberes hechos: el profesor y el alumno. Quienes mejor conocen estas particulares son Jana, María y Guillermo Pulido. Las dos universitarias estudian la primera Árabe y Hebreo y la segunda Hebreo porque terminó ya Árabe. En cambio Guillermo es de Hispánicas.
«De estas clases de tres alumnos me llevo más. En Hispánicas en algunas aulas estamos ochenta alumnos y no es igual. Me introduzco más en la materia aquí», mantiene Guillermo. Tanto es el trabajo que las propias María y Jana admiten que en ocasiones «no hace falta ni estudiar. Las clases son muy interactivas y se aprende mucho».
La comunicación entre los profesores y los alumnos de clases como la de Literatura Bíblica en la que nos colamos para hacer este reportaje es muy fluida. Son clases muy interactivas. Nadie se libra de que le pregunten. Ese día faltaban dos alumnos y eran tres. Para la profesora Carmen Caballero, que es la que imparte esta asignatura, era el primer día, pero a María y Jana ya las conocía de otras materias de la titulación. La mayoría de las asignaturas las ofertan no sólo para Hebreo sino para el resto de filologías y de carreras de la UGR en los casos que son libre configuración. Por eso, aunque haya menos alumnos matriculados las clases son a veces de más estudiantes. Si bien, siguen siendo estudios muy minoritarios.
Todos se conocen
Las razones por las que se matriculan en estos estudios son variadas, no obstante, tanto las alumnas como la profesora destacan que es una carrera vocacional. Es un segundo ciclo al que se accede una vez superada otra carrera. Es utilizada como un complemento a su formación. Jana y María bromean y dicen que está claro que por las «salidas laborales no nos matriculamos».
Jana explica que ella empezó Árabe y al dar en una asignatura Hebreo «me quedé prendada». Entre salmos y líneas de la biblia, Jana y María defienden que al contrario de lo que pueda parecer no es «difícil aprender Hebreo». Ellas estuvieron el verano pasado dos meses en Tel Aviv haciendo un curso gracias a un programa de intercambio que la UGR tiene con el centro de esta ciudad israelí. Son algunos de los \’privilegios\’ de estudiar una carrera en la que los estudiantes y los profesores dicen que trabajan más que en otras más masificadas.
Guillermo, que puede comprar lo que es asistir a una clase de ochenta alumnos y otra de tres lo tiene claro. En las clases masificadas parece que el docente hable a las mesas o las paredes y en la de Literatura Bíblica no. Les miran a los ojos. Tal como confiesa Carmen Caballero en estas clases si se les mandan deberes tienen que hacerlos porque se les pregunta a todos. En ese sentido, esta docente también describe como cualquier fallo es detectado por los alumnos. Los profesores también deben prepararse bien las lecciones. «Se trabaja mucho y hay mucha interrelación. Se exige más esfuerzo por parte del profesor y también del alumno», concluye esta docente.
Carmen al igual que sus compañeros admite que corrigen menos exámenes y prácticas, pero el trabajo y las tutorías son más intensas y seguro que también más frecuentes. Por eso, también señala junto a Aurora Salvatierra, coordinadora del área de Hebreo en el departamento de Estudios Semíticos, que «estamos aplicando técnicas y metodología que ahora exige el Plan Bolonia. Nosotros lo hace de hace tiempo».
Las clases en Filología Hebrea son diferentes. Aulas que se ven vacías. Dos, tres o siete alumnos y cincuenta sillas sin ocupante. Profesores cargados de material para impartir sus lecciones: formatos de letras, radio, libros de texto, biblias… algo muy difícil de ver en otras clases magistrales de la Universidad granadina en las que el profesor va ligero de equipaje. Son diferentes -no se valora si peores o mejores- porque es raro que en una Universidad haya tres alumnos en una clase. Eso no ocurre ni en las escuelas unitarias -ahora creo que se llaman de otra manera-. Sus profesores y alumnos también son diferentes y buenos cada uno en lo suyo.
La profesora Aurora Salvatierra admite y destaca que «sabemos que no son estudios mayoritarios. No son a lo mejor productivos económicamente, pero sí lo son en otros aspectos y además no se puede olvidar la recuperación histórica». A esto agrega que «la Filología Hebrea ha sido siempre un estudio minoritario». Y no se olvida de aludir a que no son los únicos y que hay otras disciplinas en las ciencias exactas, por ejemplo, en las que hay cada vez menos estudiantes matriculados.
Una carrera de siglos
En el área de Hebreo en la UGR en la actualidad hay cuatro profesores titulares, tres contratados, un becario predoctoral y otra contratada. Estos profesores no dan clase sólo a los alumnos de Filología Hebrea. En la clase que asistimos, por ejemplo, había un estudiante de Hispánicas. Explican que participan en todas las filologías y hay asignaturas de libre configuración a las que «pueden apuntarse cualquier estudiante de la Universidad».
Este curso tienen alumnos de Inglés, Historia, Filología Francesa, entre otras. También hay algún estudiante del programa Erasmus. Salvatierra matiza, además, que algo importante es que «sean dos alumnos, uno o más se les dan las clases. Los 24 créditos se cumplen». Eso es en referencia al número de créditos -horas- que deben impartir los profesores en toda la UGR y en Hebreo dicen que las están cumpliendo.
En Filología Hebrea al ser un segundo ciclo las clases son por la tarde. Comienzan a las 15.30 horas y allí están los profesores como un clavo. Pero en las clases no es en lo único que trabajan, también «proporcionamos a la Universidad otros servicios en proyectos de investigación, por ejemplo». Y Salvatierra no se olvida de citar que sacan la revista \’Miscelánea\’ desde hace cincuenta y cuatro años.
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