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La sequía ‘agosta’ antes de tiempo los borreguiles altos de Sierra Nevada

GRANADA
La sequía agosta antes de tiempo los borreguiles altos de Sierra Nevada
Han desaparecido grandes neveros que se mantenían con nieve hasta entrado agosto Un estudio de plantas de hace millones de años muestra el futuro de las temperaturas
JUAN ENRIQUE GÓMEZ/GRANADA

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Las zonas húmedas de Sierra Nevada, los borreguiles situados a casi 3.000 metros de altitud acusan ya los efectos de la sequía y la rapidez con la que se fue la nieve caída durante el invierno. Aunque las cabeceras de los ríos Dílar, Monachil y San Juan, aún tienen agua, el nivel ha bajado tanto que parece que nos encontramos a final de agosto o principios de septiembre. Algunas zonas, como parte del borreguil de la cabecera del río San Juan, situado a 2.850 metros de altitud, presenta un aspecto desolador. Los encharcamientos propios de esta zona han dado paso a grandes huecos de tierra seca, rodeados de la vegetación típica de borreguil (gencianas, lotus, verónicas, campánulas, estrella de las nieves…) que intentan pervivir a pesar de la sequedad y el impacto del ganado que, también por el calor, sube cada día a cotas más altas.

El agua se ha reducido estrictamente a los cursos de los ríos, que en esta altitud (entre 2.800 y 3.200 metros) no son más que arroyos, o a las pequeñas lagunas que como los Lagunillos de la Virgen, en la vertiente que cae hacia la ciudad, o Laguna Verde, hacia el Poqueira, mantienen todavía su imagen de color verde. Este año los borreguiles se agostarán, es decir comenzarán a secarse, y la vegetación a entrar en su periodo de recesión a la espera de la próxima temporada de primavera-verano, al menos un mes antes de lo que ocurrió en 2004.

A pesar de esta situación y las altas temperaturas, Sierra Nevada sigue siendo este verano el punto de atención de centenares de personas interesadas en el turismo de naturaleza, el montañismo, y de científicos que viajan desde todo el mundo para ver in situ la mayor densidad de especies endémicas de toda Europa.

Plantas con historia

La biodiversidad en sistemas montañosos como Sierra Nevada, y especialmente la flora, guardan las claves de la evolución climática de la tierra, y pueden decir lo que va a ocurrir en el futuro. El análisis de la vegetación de hace más de 20 millones de años, realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Granada, ha mostrado que la Tierra camina hacia un futuro de sequía y de aumento de la temperatura, independientemente de la acción del hombre, aunque ésta pueda acelerar el proceso.

Uno de los autores de este estudio, el catedrático Pascual Rivas, indica que se han estudiado muestras obtenidas en las cuencas sedimentarias desde el Sur de España hasta Turquía, especialmente de líquenes y rupícolas -plantas aéreas que viven sin apenas tierra y dependen del medio ambiente-, así como los anillos de crecimiento de los árboles. Se ha determinado que el planeta atraviesa un ciclo de calentamiento global y disminución de lluvias «al margen de la intervención humana».

Según Rivas, la zona mediterránea «camina hacia la desertización», algo que consideró «muy interesante por el desarrollo de vida en zonas áridas y semiáridas cuidadas», por lo que apuntó que lo más grave es la sequía «que llega sin que nos estemos preparando para ello». En su opinión, los trasvases entre cuencas «no valdrán para nada en el futuro», por lo que defiende «otra forma de usar el agua y el terreno», como plantar especies autóctonas, como el tomillo en vez de césped en los jardines, «consume menos, es más resistente y aporta un buen olor».

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