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Los candidatos a rector

– Los candidatos a rector

Sr. Director de IDEAL: Se celebran en los enjaulados paseíllos universitarios las jornadas de recepción a los alumnos de la UGR. Los cuatro candidatos a rector, los señores Campos, Lodeiro, Payá y Rico hacen acto de presencia y disponen de unos stands en los que regalan y ofrecen de todo: marca-páginas, bolígrafos, cuadernos, carpetas, mochilas, camisetas, deportes gratis, cantautores, universiadas, carriles-bici… «Y dos huevos duros», que diría Groucho Marx («en lugar de dos que sean tres», que dirían los candidatos). Pero por encima de todo, no hay ninguno al que no se le llene la boca con una Universidad de calidad, sin que por supuesto ninguno explique cómo demonios se hace eso (a la espera estamos de que, por ejemplo, se comprometan a crear una inspección de servicios seria y eficaz). Las palabras enchufismo y endogamia brillan por su ausencia (¿es que acaso se dan en la UGR?), el PP y el PSOE no aparecen (seguro que se mantienen al margen y no tienen vínculos reales con ningún candidato), de cambiar el injusto y desproporcionado sistema de representación en la UGR ni una palabra (evidentemente, como el profesorado cuenta con más del 60% de la misma…) y mucho menos sobre el método de elección del rector, que ahora mismo consiste en una elección directa por medio de un sufragio universal ponderado (en un país en el que ni el presidente del Gobierno es elegido de manera directa) y conlleva unas campañas electorales totalmente desmesuradas como las que estamos empezando a ver. Sería interesante y exigible que los candidatos nos explicaran de dónde sacan el dinero para semejante despliegue, sobre todo el señor Campos, que a simple vista (y sólo a simple vista) parece el más… ¿despilfarrador?

Reconozco que mi visión de la Universidad es tremendamente pesimista y en mi opinión habría que desmantelarla entera para volver a empezar de cero, el problema está en que seguramente volveríamos a llegar a la situación actual. Por lo tanto, sólo nos queda, de nuevo, recurrir al bueno de Groucho Marx: «Que paren el mundo (véase la Universidad), que me bajo».

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