– «Los paseíllos no pueden destrozarlos porque es lo poco que nos queda».
Los vecinos y usuarios del vial del campus de Fuentenueva intensifican su campaña para que Junta y Rectorado busquen alternativas al trazado del metro.
Carpeta en mano, aunque no son colegialas ni tienen años para eso porque algunas cuentan ya más de cincuenta y sesenta primaveras, se recorren estos días los paseíllos del campus de Fuentenueva. Piden firmas a jóvenes y mayores para que el metro «no destroce» esta zona verde de la ciudad que «es de lo poco que nos queda». La plataforma a favor de los paseíllos ha intensificado en estos últimos días son actuaciones para que «Junta, Ayuntamiento y Universidad de Granada (UGR) se piensen bien lo que van a hacer».
Encarni Quílez es una de las vecinas que se recorre los paseíllos con su carpeta y su bolígrafo parando a ancianos, jóvenes y quien quiera escucharla. Dice que el de Fuentenueva es un campus pequeño y, por eso, insiste en que se busquen otras alternativas. Ella al igual que María Jesús Blázquez llevan muchos años paseando por esta calle verde. La última comenta con su perro al lado que «hace quince años que paseamos por aquí».
Mayores caminando, niños con los patines, universitarios en las pistas deportivas, ancianos con enfermedades en sillas de ruedas, familias completas disfrutando de este espacio verde… son muchas las personas que usan cada día los paseíllos universitarios. Espacio que dependiendo de la opción que al final se elija quedarán partidos por la mitad con las obras del metro. En este punto, José Jiménez, uno de los usuarios, destaca la gran función social que tiene esta zona verde. Jiménez se ha reunido esta semana con el rector de la UGR, Francisco González Lodeiro. Junto a otro grupo de vecinos le ha hecho llegar su preocupación.
Obras Públicas
La próxima semana, mañana concretamente, Jiménez y otro grupo de la plataforma han quedado con el delegado de Obras Públicas en los propios paseíllos para explicarle y para que vea de primera mano cuál es la situación de este «pulmón verde». En este sentido, Jiménez insiste en la importante función social que hacen los paseíllos de Fuentenueva.
Ángeles Martínez es otra de las mujeres que pide que el metro no acabe con esta zona de recreo. Dice que cuarenta años hace que ella pasea y camina por esta zona. Cuando aún no estaban construidos «la mayoría de los edificios y esto eran huertas, ya estábamos nosotros aquí». Por eso, ahora a esta señora no le parece muy lógico que «quieran que el metro vaya por arriba y las personas deban caminar por el subterráneo, sin que nos dé el sol».
Tienen muchas dudas y fundamentalmente un deseo común, que el metro no acabe con esta zona de esparcimiento en la que cada tarde y cada fin de semana se olvidan del día a día y «podemos escuchar los pajarillos como cantan». Juan de Díos Vílchez es otro de los vecinos que ha disfrutado toda la vida de los paseíllos. «Aquí he venido con mis hijas, que tienen 29 y 25 años, desde pequeñas a jugar», rememora.
Manuela Hernández, Conchi, Encarni, José… todos son usuarios de estos paseíllos en los que cada día ven, además, como pasan cientos de universitarios de la Facultad de Ciencias, las escuelas de Arquitectura Técnica y de Caminos, los profesionales del Centro de Instrumentación Científica o las decenas de alumnos que utilizan las pistas deportivas y la piscina. Dicen que han recogido ya entre tres y cuatro mil firmas para que el metro «no destroce los paseíllos», insisten.
Tienen muchas dudas sobre qué pasará y no entienden muy bien, aunque les digan las autoridades que será silencioso cuando se ponga cómo funcionará o qué medidas se tomarán para que la zona sea segura. Desde la plataforma, que también está compuesta por algunos profesores de la UGR, Jiménez ha hecho hincapié en varias ocasiones en que no están en contra del metro, pero lo que no quieren es que se acabe con los paseíllos.
La Universidad y la Junta tienen ahora la palabra y puede que la respuesta llegue pronto.
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