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GRANADA
«Se trata de una prolongación de las situaciones escolares»
Un psicólogo y pedagogo, Jacobo Reyes, analiza los casos de buling entre adultos
MARÍA APARICIO/GRANADA
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Las situaciones de acoso entre iguales se multiplican cada día en las aulas de secundaria de los colegios españoles. Sin embargo, cuando se trata de adultos, el número de casos desciende notablemente. A pesar de todo, suceden. «Se trata de una prolongación de la adolescencia, de las situaciones que se viven en los centros escolares. Casos de buling entre mayores de edad se dan igual que entre niños más pequeños, que se anticipan a una realidad más común entre jóvenes en plena fiebre hormonal», manifiesta el licenciado en Psicología y Pedagogía, profesor titular de la Universidad de Granada y coordinador del departamento de Orientación de Secundaria, Jacobo Reyes.
Los patrones psicológicos son similares. La única diferencia que se produce es que, en estos casos, los afectados no están obligados a soportar un determinado círculo de amigos, ni a acudir al lugar donde se reiteran los hechos. Novatadas «más propias de hace cuarenta años, que se repiten en la actualidad» y que, en ocasiones, pueden costarle la vida a quienes las soportan. «Se supone que son propias de una época determinada y que en con más edad suelen desaparecer. Se suele madurar, las hormonas se calman… pero eso no quiere decir que dejen de suceder», asegura Reyes.
Las historias repiten un mismo patrón. Un grupo de amigos liderado por uno de ellos que se ceban con un componente y le ocasionan graves daños morales e incluso físicos. El cabecilla de la cuadrilla se caracteriza por «tener una capacidad especial de aunar a gente y tienden a disfrutar haciendo daño a otras personas». Además, suele haber un componente fuerte de complejos no superados que se vuelcan en la víctima como «una forma de compensarlos», añade el especialista.
Por otro lado, el damnificado. Introvertido, tímido y con baja autoestima, aguanta todo lo que le cae encima sin ser capaz de enfrentarse a ello. Es la diana sobre la que recaen todas las burlas, bromas o mofas.
En estas situaciones el resto de la camarilla juega un papel determinante. No son capaces de enfrentarse con el jefe del grupo para evitar ser el centro de la guasa. Así, siguen el juego sin tener en cuenta las consecuencias que puede tener sobre el supuesto colega. «No son conscientes de lo que sufre la persona afectada. Para ellos se trata de simples bromas que no tienen importancia», señala el psicólogo. A pesar de su idea, evitan ser ellos los protagonistas del pitorreo.
Cierta predisposición
«Es probable que las personas que ante esta realidad optan por el suicidio tengan una cierta predisposición. Pero puede ocurrirle a cualquiera como consecuencia de la exasperación y porque, sin duda, son más vulnerables. -apunta- Pero hay que dejar claro que no todo el mundo decide suicidarse, sólo aquellos a los que las circunstancias les crean un transtorno».
Para Reyes el futuro debe pasar por la prevención. Tres aspectos fundamentales que desarrollados pueden acabar o, al menos, mitigar una realidad que crece cada día. Primero la educación de la sociedad en general. «Todos debemos acogernos a la frase de mi libertad acaba donde empieza la de los demás», recalca. Además, considera imprescindible, desarrollar habilidades sociales para enfrentarse a las circunstancias. Fomentar la autoestima y sobre todo, denunciar. Y lo último, «aunque no menos importante», educar al grupo para que denuncie. «Hay que acabar con los pactos de silencio», concluye.