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Tres hombres de raza

Tres hombres de raza
Un universitario senegalés sin papeles, el Padre Patera y un Doctor en Historia que ha apadrinado a una familia de 400 marroquíes abrieron el ciclo Abril para vivir
ÁNGELES PEÑALVER //FOTOS: JUAN ORTIZ / GRANADA

Raimondo Ndiaye (izda.), Padre Patera y Malic asistieron a la Fundación Euroárabe, donde se celebró ayer la conferencia.

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ACTOS PARA HOY

19.00 Ruta de cantautores

ACTOS PARA HOY
F Plaza Bib- Rambla: Manolo Gragera y Javier Maroto.

F Puerta Real: Pedro Chillón y Alber.

F Plaza de Alonso Cano: Olga Martínez y Eva Gómez.

F Plaza de la Lonja: Alberto Alcalá y Diego Glusman.

Empeñados en conciliar
ISIDORO Macías, el Padre Patera, ha auxiliado a más de 200 embarazadas africanas a su llegada a Algeciras después de jugarse la vida en el Estrecho de Gibraltar. Este franciscano no lleva la cuenta de cuántas madres con sus críos en brazos llamaron a su puerta y se quedaron un tiempo en su casa de acogida. Debe ser uno de los pocos frailes que cambia pañales y da biberones. Federico Molina Fajardo, Doctor en Historia por la Universidad de Granada, fue bautizado por el Ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos como «el hombre puente». Quizá se deba a que este granadino ha apadrinado a una familia de 400 personas en la región de Ouarzazate (Marruecos). Raimondo Ndiaye es un erudito y emotivo joven senegalés que salió de África en busca de un futuro próspero y que narra en un perfecto español aprendido fugazmente: «La gente de Europa no se cree que un negro pueda tener algo en la cabeza. Nos menosprecian a diario».

Estos tres cruzados de la integración racial se dieron cita en la Fundación Euroárabe para participar en la mesa redonda Inmigración: barreras o integración, con la que se inauguraba ayer el IV Encuentro Intergeneracional de Cantautores Abril para vivir, del 18 al 24 de abril en Granada.

En ella, el Padre Patera señaló que su única política es el amor, pero se atrevió: «Las medidas que ha tomado ahora el Gobierno las tenía que haber hecho al principio de este fenómeno […]. Creo que piden demasiados papeles». Este franciscano asiste a las mujeres embarazadas que llegan en patera, las alimenta, compra los pañales a los bebés -«en el Carrefour cuando están de oferta»- y las ayuda a que regularicen su situación. «Yo no hago caridad, sino justicia. Llaman a mi puerta y no viene un pobre, pobre, pobre, sino una persona humana, como tú, de carne y hueso. No conocen nada. Ni las costumbres, ni el idioma… Luego, hay que ayudarles. Es verdad que tendrían que venir un poquito regularizados desde allí», sentencia.

Actualmente en la casa de acogida del Padre Patera hay cinco mujeres y seis niños. «Una de ellas es la madre de tres críos. Esa madre y sus tres retoños vinieron hace un año y medio en zódiac. El mayor tiene 4 años. Ahora, por fin, se les arreglará la situación. Ya le han dado la residencia con permiso de trabajo, pero por circunstancias excepcionales. Ahora ella tiene que buscar un empleo…», explica orgulloso, aunque señala: «No tengo mucho tiempo de ayudarle a buscar trabajo, ya que tengo que dedicarme a 29 ancianos de otra casa de acogida».

Todas estas obras sociales son posibles a la generosidad de «personas humildes» que donan dinero a los frailes algecireños de la Cruz Blanca. «Me llegan cartas en cuyo sobre sólo pone: Padre Patera. Algeciras. Cádiz. A lo mejor es una señora que ha mandado cinco euros y me dice rezo por usted. Esto último es lo que más me llena. Eso vale más que todos lo millones, aunque el dinero hace falta para los niños», apostilla.

La sonrisa se borra de la boca de este franciscano cuando habla de las mafias: «Engañan a estas criaturas y les comen el coco».

Hay que integrarlos

Federico Molina Fajardo no es cristiano, pero coincidió con el Padre Patera en calificar a los inmigrantes como personas a las que hay que integrar. «Las migraciones son tan antiguas como la Humanidad misma, que siempre se ha movido por el bienestar, que en la mayoría de casos se traduce en motivos económicos. Contra estos movimientos de población no existen ni han existido barreras que los puedan contener. Los bloqueos continentales nunca han dado resultado», ilustró Molina Fajardo, quien opinó que la inmigración es un «fenómeno lógico, justo e imposible de controlar».

El Doctor Molina, quien se autodefinió como «musulmán, creyente, practicante, pero no integrista», ha impulsado numerosos hermanamientos entre localidades marroquíes y granadinas. Este hombre, quien postuló que la única manera de frenar la inmigración es crear prosperidad en los países de origen, no tuvo el más mínimo reparo en aseverar que los traficantes de hachís y los mafiosos musulmanes limpian sus conciencias «dando dinero a los integristas».

Raimondo Ndiaye condena tanto a los integristas de Oriente como a los racistas de Occidente. Él -después de haber obtenido varias licenciaturas por la universidad de Dakar y hablar perfectamente inglés, francés y español- es un sin papeles en España, aunque en trámite de regularización.

«Sólo me trajo a España un motivo económico, porque en Senegal hay estabilidad social y democracia. El 90% de los jóvenes senegaleses sueña con salir del país, ya que el cuarto pilar de ingresos de mi estado es el dinero que mandan los que han emigrado», narró Raimondo, a quien acompañaba su colega Malic.

«El futuro pasa por aprovechar el mestizaje. Los españoles deben valerse de lo positivo que traemos los senegaleses. Somos diferentes, pero nos podemos complementar. A ver si lo conseguimos», propuso esperanzado.
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