GRANADA
Un matemático que le dio la espalda a la Joven Guardia Roja
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En la hoja de ruta de Javier Torres Vela no figuraba a estas alturas ser candidato a la alcaldía de Granada, para qué negarlo. Pero los líderes socialistas le convencieron de que es el hombre adecuado, que las encuestas son buenas y Javier se puso a «disposición» del partido. Quizás él se había planteado el resto de su vida política de otra manera, pero ha acabado fajado en una batalla fifty-fifty, en un duelo de Torres, jugándoselo a doble o nada. Habrá echado sus cuentas; propias de un matemático que hizo Ciencias Exactas, aunque en realidad le hubiese gustado estudiar letras, pero no aprendió latín en Bachillerato. Por eso viró el rumbo -también entonces- de su hoja de ruta y se matriculó en la Universidad de Granada.
En su juventud, cuando los macutos, las cazadoras y las barbas largas -se afeitó por su mujer- contactó con la Joven Guardia Roja, pero le dio calabazas y se decidió por el Partido Socialista después de leer Mi viaje a la Rusia soviética, de Fernando de los Ríos.
En 1977, con apenas 24 años, se convirtió en el secretario provincial de los socialistas granadinos, cargo que conservó hasta 1978 y después ostentó entre 1980 y 1982. Es en ese año en el que Javier Torres Vela es elegido diputado en el Parlamento de Andalucía y, al poco tiempo, comienza a desempeñar cargos de peso. Primero como consejero de Cultura (1984-1990), todavía con José Rodríguez de la Borbolla en la presidencia. Torres Vela fue, por ejemplo, uno de los artífices del regreso de Gerald Brenan, exiliado en el epílogo de su vida en una residencia londinense.
Entre 1990 y 1996, Javier se mantuvo -por decirlo de alguna manera- en la segunda fila y regresó a sus clases, en esta ocasión en la facultad de Ciencia Política. Esta tregua le sirvió para volver a poner los pies en la tarima y en el suelo.
Entre 1996 y 2004 fue presidente del Parlamento de Andalucía. Tal vez fue aquí cuando vivió su peor momento político, cuando un compañero en la mesa y en el partido creyó tener el micrófono cerrado y comentó esa frase archiconocida: «Los moros a Marruecos, que es donde tienen que estar». Rafael Centeno -que así se llamaba- sucumbió derrotado (por los suyos) y acabó dimitiendo entre lágrimas.
Durante años, Javier Torres Vela fue en los mentideros políticos de Sevilla el sucesor en ciernes de Chaves, pero el problema es que el presidente de la Junta no pide cambio y las generaciones se van sucediendo. Javier pegó el salto a Madrid en las últimas elecciones. También lo hicieron otros pesos pesados del entorno de Chaves, como Magdalena Álvarez o Carmen Calvo. Zapatero dio el campanazo y las dos compañeras de viaje de Javier ocuparon sendos ministerios. Torres Vela acabó en la presidencia de la Comisión de Infraestructuras y no hizo ruido. Se puso a disposición del partido.
Treinta años en política, y apenas se han desgastado sus aristas. Siempre mesurado, más comedido incluso de lo que algunos quisieran y calibrando lo que dice, en un mundo que dista mucho de ser una ciencia exacta, donde él se doctoró. Ha cambiado el rumbo de su viaje y sigue a toda vela en dirección a la plaza del Carmen. De presidir el Parlamento, a pedir el voto por las últimas esquinas, casa por casa. La hoja de ruta está llena de muecas y casi siempre te dirige hacia dónde le da la gana. A esto, más o menos, en política le llaman estar a disposición del partido. Lo complicado es ponerle ilusión. Javier asegura que la tiene; con la mano sobre La Rusia soviética de Fernando de los Ríos.
quicochirino@ideal.es
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