Inicio / Historico

Universitarios nocturnos contra el reloj y botellón

– Universitarios nocturnos contra el reloj y botellón.
Los estudiantes llenan las salas de estudio por la noche «Hay gente que no viene a estudiar, viene a ligar».

Son las 23.50 horas y los pasillos de la Escuela de Arquitectura Técnica de la Universidad de Granada (UGR) son un hervidero de alumnos, unos resolviendo problemas, otros memorizando teoría y otros conectados a internet a través de su ordenador portátil. Hay más gente que algunos días a las 13.00 horas. Los universitarios están haciendo su particular carrera contrarreloj para aprobar los exámenes y las noches ahora no son para dormir ni para ir de botellón, son para estudiar.

Carlos y José Manuel, alumnos de Arquitectura Técnica, son dos de esos alumnos nocturnos a los que les faltan horas para estudiar. Son las 00.20 horas de la noche del miércoles al jueves y José Manuel le da una y mil vueltas a los apuntes para resolver un ejercicio de la asignatura de Instalaciones. Llevan en la escuela desde las 19.00 horas y si resolvían pronto el ejercicio se irían a casa a las 1.00, la coca cola no falta de la mesa. Por la mañana no se levantarán muy tarde, tienen que estudiar.

No dejan mucho tiempo para las risas ni el cachondeo. Para eso ya habrá lugar cuando «terminemos los exámenes», dice Carlos, aunque alguno de los compañeros de mesa sonríe. Siempre que hacen ejercicios y no es memorizar suelen quedar en la escuela con los compañeros. «No nos quedamos en los pisos para no molestar». Estos chicos aplauden la iniciativa del vicerrectorado de Estudiantes de abrir salas de estudio nocturno, pero dicen que en su escuela no hay todo el silencio que debiera para estudiar.

Mientras ellos buscan soluciones a sus problemas en la puerta de la Escuela de Arquitectura Técnica -hay bastante gente, por cierto- Eva González y Antonio Mateos, estudiantes de segundo de Trabajo Social e Inef, descansan un poco. Cada dos horas salen a la calle a tomar el aire y a charlar. Querían estar hasta las 3.00 y volver a las 9.00 o las 10.00. Las semanas de exámenes se las pasan en las salas de estudio.

En Arquitectura Técnica dicen que hay más silencio y más sitio que en Biosanitaria. Eso sí, «las mesas y las banquetas son más incómodas aquí». No obstante, tras el descanso vuelven a la sala a seguir con su tarea. Les quedan muchos temas que estudiar y el reloj no da tregua. Al comentarles que son muchas horas en la sala, Eva sonríe y dice: «Con todo y con eso nos faltan horas».

Coca cola y café, fuera

En la vecina Facultad de Ciencias también están las luces encendidas. Universitarios como Inma, Aitami, Monse y Paco, estudiantes de Trabajo Social y de Psicología, prefieren el plástico de las sillas de la cafetería de Arquitectura Técnica, que están en la calle dentro del recinto de la escuela. «Aquí estamos más fresquitos», sonríen Inma y Monse mientras colocan latas de coca cola, bolsas de patatas… en la mesa -en las salas no dejan entrar comida ni bebida-. De hecho, habían ido a Ciencias Políticas, que es otro de los centros abiertos, y «como hacía mucha calor nos hemos venido aquí. Ayer también estuvimos y había más gente que hoy», comenta el grupo de alumnos.

A Inma y sus amigos les quedaban aún varias horas por delante de estudio y de risas. Tenían previsto irse sobre las 5.00 de la madrugada. Antes se tomaron varias coca colas e incluso fueron a algún 24 horas a comprarse algún helado. Se quedaron en esa terraza escuchando los ruidos de los coches, de los estudiantes que se despedían o de los que se declaraban amor a las puertas del centro -también dejan unos minutos para esos menesteres-. Aunque parezca mentira, estas chicas confiesan que «necesitamos ruido para poder estudiar».

A las puertas de Biosanitaria Irene, Marta, Laura y Elena, alumnas de Arquitectura superior, LADE y Turismo, solicitan, sin embargo, más silencio en las salas de estudio. Esta sala es la más demandada -hay hasta colas en ocasiones- y por las noches piden el carné universitario para controlar el acceso. Por el día hay que ir a las 8.00 y 3.00 para encontrar un sitio. Los vigilantes también cuidan que no se cuele comida ni café ni refrescos. No obstante, en la entrada hay latas, algunas en el suelo, y algún estudiante se come su bocadillo a las 1.00 para reponer fuerzas. Unos metros más abajo hay una tienda abierta.

En las puertas de Biosanitaria no faltan tampoco las ganas de juerga. Pasan las 1.40 horas y algún universitario se anima a cantar. Y es que este centro tiene fama de que muchas/os no van tanto a estudiar como a ligar. «Es verdad, hay gente que no está aquí para estudiar sino para ligar. Algunas vienen muy arregladitas», comentan Marta y sus amigas. Esa impresión tiene Antonio, «la gente va de arreglada como si fuera de botellón». A veces da esa impresión en la puerta de Biosanitaria, pero no es así: «Ójala», suspira Antonio. Los alumnos -no todos- han cambiado estos días las copas por la coca cola y el café para estar despiertos.

En menos de 15 días han pasado por las salas nocturnas 13.000 alumnos. Están abiertas de 8.00 a 6.00. Cierran el día 6 de julio.
Descargar