El 11 de marzo, la tierra tembló, una vez más, en Japón, pero en esta ocasión lo hizo con una fuerza inusitada. El terremoto fue de 9.0 en la escala de Ritcher. Con pocas horas de diferencia, los habitantes de la provincia de Yunnan, en China sufrieron un terremoto de 5,8. Una semana antes, el 22 de febrero, la Tierra volvió a temblar en la volcánica Nueva Zelanda, esta vez con una intensidad de 6,3. Todos ellos son movimientos sísmicos que se producen al liberarse energía cuando los materiales del interior del planeta terrestre se desplazan buscando el equilibrio. La Tierra se mueve. Lo ha hecho siempre, desde su origen hace unos 4.500 millones de años. En ella se producen multitud de fenómenos y procesos naturales, en todas las escalas, desde las más microscópicas, como en las bacterias y las células, hasta la de mayor envergadura, como en la corteza terrestre o en la atmósfera, que los científicos buscan comprender. En Granada, una tierra con un gran pasado geológico, se encuentra ubicado el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT), un Centro mixto perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Granada. Disciplinas como la mineralogía, la geología marina, la geofísica o la geodinámica, están presentes en este centro de investigación, que cuenta con prestigio internacional. Una de sus líneas más señeras es el Laboratorio de Estudios Cristalográficos, donde, entre otras actividades, se estudia el crecimiento de los minerales. Entre sus investigaciones destaca los experimentos llevados a cabo en el espacio, como apunta su director, Alberto López Galindo, «este laboratorio tiene una gran experiencia en crecimiento de cristales en microgravedad. Ha participado en más de diez misiones especiales y ha desarrollado una tecnología específica para este tipo de investigaciones, que es la más usada en microgravedad en el mundo». Los científicos encuentran en los mares, la tierra y en la atmósfera las claves para conocer cómo se comporta el planeta desde su origen y cómo le afecta la convivencia con los seres humanos. «Tendemos a ser demasiado tremendista-apunta López Galindo- se han producido numerosos cambios climáticos en la Tierra y ahora estamos en un periodo interglacial. Con el aumento de la temperatura, los hielos se derriten y el mar sube. Las oscilaciones del mar son normales en la Tierra. No podemos pensar a la escala de tiempo humano, los científicos pensamos en tiempo geológico, hablamos de millones de años en los movimientos de la Tierra.»
Riqueza geológica
Que este centro esté ubicado en Granada, no es casual. La provincia granadina cuenta con una gran variedad de fenómenos geológicos. La existencia de varias fallas activas como la de Dúrcal o Baza dan prueba de la sismicidad de estas tierras. Además está Sierra Nevada, un auténtico tesoro geológico para los científicos. Para la Doctora en Geología e investigadora del IACT, Encarnación Puga, «sus alzamientos conservan información fundamental, no sólo para interpretar su evolución geológica, sino para comprender el origen, la edad y la evolución geológica de las Cordilleras Béticas en su conjunto». Sierra Nevada no ha parado de elevarse desde su origen, datado en el Mioceno superior. Lo hace con una velocidad media de unos 0.25 milímetros al año, en un proceso continuado que dura ya algo más de 10 millones de años, sin interrupción, unas veces más lentos y otras más rápidos, como parecer ser que ocurre en el momento actual. Esta elevación es el resultado final de la compresión que existe entre las placas tectónicas de Iberia y África y que provoca la aparición de fallas que influyen en la actividad sísmica del área de Sierra Nevada.
A esto hay que añadirle la riqueza mineralógica del suelo granadino, con más de 200 clases reconocidas. Las masas de celestina y hematites, en las zonas de Escúzar y Jerez del Marquesado, son las más importantes de Europa. Arcilla, mármol y caliza forman parte de este patrimonio natural, a los que se sumaron, en su tiempo, el oro y la plata.