Lorca vuelve a Granada
Fue como uno de los más célebres versos de cuantos dejó escritos: «A las cinco de la tarde/Lo demás era muerte y sólo muerte/a las cinco de la tarde». En esa hora lorquiana se empezó ayer a preparar la carpa que ocultará a los curiosos la exhumación de las seis posibles fosas en Alfacar, una de ellas la probable tumba de Federico García Lorca. El terreno ha empezado a cercarse con una malla de color lorquiano, el verde, y en la que se instalará una carpa metálica de 10 por 20 metros, con una puerta de entrada con llave y techada, con la que se evitarán las inclemencias meteorológicas previstas, así como las cámaras fotográficas. El equipo de especialistas, tras firmar un contrato de confidencialidad, iniciará sus trabajos el próximo lunes, tal y como anunció ayer la consejera andaluza de Justicia, Begoña Álvarez. Está previsto que hoy José Antonio Peña, responsable del estudio con georradar que localizó las seis probables tumbas, indique las coordenadas correctas para la colocación de la carpa. Personas conocedoras del proceso aclararon ayer a LA RAZÓN que los restos encontrados serán llevados a la Facultad de Medicina de Granada para ser estudiados. Este hecho no deja de ser simbólico porque, de alguna manera y en caso de ser encontrado, sería el retorno de Lorca a «su Granada», como la llamaba Machado, tras ser llevado a la muerte el 17 de agosto de 1936. En la Facultad se reconstruirán los restos indentificados, y todavía no se han dado a conocer los detalles sobre las medidas de seguridad que se adoptarán en este edificio. Por otra parte, la identificación por ADN de los restos será realizada por el equipo del profesor José Antonio Lorente en el laboratorio de identificación genética de la Universidad de Granada. Será una labor muy compleja, especialmente dura por el estado de conservación de los restos y que se cree que no será el más óptimo. Es muy probable que los investigadores encuentren dos de los cuerpos reclamados, los de los torerillos anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, acusados de asesinar a un sargento de la Guardia Civil en la cercana localidad de Huétor Santillán. Sin embargo, no hay nada claro sobre qué pasará con los otros dos cuerpos buscados: los de Fermín Roldán y Miguel Cobo. La presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada, Maribel Brenes, aseguró ayer que la investigación se limita al paraje del Parque Federico García Lorca de Alfacar. En este sentido, no hay previsto ningún tipo de trabajo de indagación y exhumación en estos parajes, concretamente en el llamado El Caracolar –que era donde el año pasado quería buscar a Lorca el historiador Francisco Arroyo, titular de la Asociación– y en el barranco de Víznar, donde algunos testimonios señalan la ejecución y entierro de Fermín Roldán. Brenes tampoco quiso facilitar información concreta sobre Roldán y Cobo. En el caso del primero, señaló que se trata de un caso estudiado por la Consejería de Justicia. Respecto al segundo, Brenes admitió que la reclamación le llegó a la institución, aceptando que Cobo fue mecánico de autobuses y no restaurador como se ha venido repitiendo. Este diario también ha podido saber que en los estudios previos a la exhumación no se han detectado restos metálicos de balas o de hebilla de cinturón, este último elemento se cree podría ayudar a la mejor identificación de García Lorca. Sí hay indicios de algo parecido a alambres, pero el georradar no ha podido concretar más. La misma fuente consultada aclaró que tampoco se descarta que en las fosas los enterradores echaran cal, lo que haría bastante complicado la conservación de los restos de los asesinados. Otro apunte interesante es que se han intentado localizar casquillos de bala en la zona, aunque todo ha sido inútil por ahora. Los investigadores creen que el paso del tiempo habría hecho que los casquillos se hubieran hundido en la tierra, pero no parece que ésta sea la teoría más correcta. El responsable del laboratorio de Antropología Física de la Universidad de Granada, Miguel Botella, comentó a LA RAZÓN que lo más probable es que las víctimas, al menos las de los primeros días de Guerra Civil en Granada, como es el caso de Lorca y sus compañeros de desdicha, fueran asesinados con un mosquetón Mauser, modelo 1898, con cartuchos de latón de 7 por 57. El comentario de Botella liga con el testimonio que en su momento ofreció a la Diputación de Granada José Roldán Cobos, cuando dijo que la madrugada del crimen escuchó disparos secos de mosquetón.
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