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García Montero se despide de la docencia

García Montero se despide de la docencia

Cansado, como su vista, se despidió el pasado viernes Luis García Montero de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. Harto de aguantar una situación que considera «insostenible». Así abandonó la institución el Premio Nacional de Literatura, uno de los profesores más queridos y admirados de Filología Hispánica. El referente poético que ha impulsado a varias generaciones de jóvenes a matricularse en esa carrera. El hombre cuyos libros despiertan la vocación por las letras de numerosos estudiantes.

Enfundado en vaqueros, chaqueta verde y camisa de rayas, el veterano maestro leía concentrado los trabajos de sus discípulos. Encajaba la montura desmontable de sus lentes cada minuto. Alzaba la mirada ante cada reflexión llamativa de los ponentes. Ellos, tensos y mentalizados. Él, sumergido en la montaña de conclusiones sobre la poesía de Vicente Huidobro o Ernesto Valencia. Sin circos ni fuegos artificiales. Sólo literatura. «Siento melancolía por interrumpir mi actividad en la universidad», confesó: «Al mismo tiempo, me llena de alegría pasar el último día en la facultad rodeado de amigos y alumnos», añadió. El miércoles entra en vigor la excedencia solicitada por el escritor tras conocer la condena del pago de una multa de 1.800 euros y una indemnización de 3.000 euros al profesor José Antonio Fortes. ¿Los motivos? Según el juez Miguel Ángel Torres, por proferir insultos a través del diario El País «con ánimo de menospreciar y vejar». La respuesta social en apoyo a García Montero resultó abrumadora. Aunque no frenó la voluntad del catedrático.

En un lapso tras la hora y media de concentración académica, el docente revelaba sus razones: «Necesito un tiempo de respiro hasta que cambien las aguas por aquí». García Montero no soporta el ambiente del departamento de Literatura Española, aunque admite que es difícil: «He convivido durante muchos años con alguiente que, cinco minutos antes de entrar, me había acusado en público del suicidio de un amigo», en referencia al poeta granadino Javier Egea.

La mayor satisfacción que se llevó en su ultimo día universitario fue los nombres seleccionados por algunos de los licenciados en sus tesinas. Grandes poetas e íntimos amigos del catedrático. Uno, como Felipe Benítez Reyes, en la flor de su vida poética. Otros, por desgracia, ya desaparecidos, como Rafael Alberti y Ángel González.
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