Alejandro Sawa, «¡cráneo privilegiado!»
La profesora de Literatura de la Universidad de Granada Amelina Correa recoge la vida del escritor bohemio que le inspiró a Valle-Inclán su personaje de ‘Luces de Bohemia’.
Aquel velatorio en la calle Conde Duque de Madrid, un 3 de marzo de 1909 en el que se despedía a todo un bohemio de Madrid, Alejandro Sawa, que había muerto en la más absoluta miseria, no dejó indiferente al dramaturgo Ramón María del Valle- Inclán. Conmovido por las dramáticas circunstancias de la muerte de este buen amigo que había difundido en un Madrid de entresiglos aún pegado a Galdós la nueva poesía simbolista que representaba Verlaine, Valle-Inclán escribió a los pocos días a su amigo Rubén Darío relatándole la muerte del común amigo que “tuvo un final de un rey de tragedia: loco, ciego y furioso”.
El terrible espectáculo de la muerte de Sawa dio pie a que Valle-Inclán creara a uno de los personajes mejor construidos de toda la historia de la literatura española, Max Estrella, ese “¡cráneo privilegiado!” –una de las expresiones más recordadas de la obra– que transitó el Callejón del Gato de ‘Luces de Bohemia’, donde los espejos deformantes sirvieron al dramaturgo para mostrar la tragedia de España transformada en esperpento.
La profesora de Literatura de la Universidad de Granada Amelina Correa, fiel a su línea de trabajo dirigida a la “recuperación” de autores considerados “fuera de la norma”, acaba de publicar en la Fundación José Manuel Lara una biografía de Sawa –con la que ha obtenido el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2008–, y en la que descubre la vida de “un andaluz hiperbólico capaz de matarse por una metáfora” a través de testimonios de amigos, críticos y, por supuesto, de sus propios textos.
Valle-Inclán, según asegura Correa, “se sintió muy identificado con el modo de vida de Sawa y también con su literatura”, que, debido al carácter bohemio que nunca le abandonó, no alcanzó el éxito, ya que “siempre pensó en la literatura en abstracto, nunca como algo útil. Era incapaz considede plegarse o de venderse, era insobornable y esto contribuyó a que no triunfara”, destaca la profesora y escritora. No obstante, a Sawa le molestaba que le identificaran con los bohemios sucios y a pesar de su pobreza, que le llevó hasta a empeñar su ropa, cuidaba especialmente su imagen.
“La amplitud y calidad de las relaciones literarias y artísticas de Alejandro Sawa –nacido en Sevilla y criado en Málaga– se puede rastrear a través de libros de memorias y epistolarios de la época aunque para la mayoría de conocedores de las letras hispanas ha pasado a la historia como inspirador del personaje protagonista de ‘Luces de Bohemia’, explica la autora, que señala que se se inició en las letras en Málaga, para ir después a “ese imán que era el Madrid finisecular y, durante un corto periodo de su vida, a París”.
Amelina Correa decidió indagar en la vida de Alejandro Sawa con la intención de “despojar al mito de su gabán bohemio”. Durante toda la investigación, que le ha llevado a “archivos de todo tipo”, Correa Ramón reconoce que “en lo estrictamente personal” de la vida de Sawa es donde más ha disfrutado, y, en especial, “con el profundo amor que profesó siempre a su mujer, Jeanne Poirier, la ‘Santa Juana’ de los días últimos del escritor, y a su hija Juana”.
Sawa, explica la profesora, siempre se mostró “extremadamente dulce y cariñoso” con su pareja, a la que llamó “mi amor inmortal” y siempre llevó fotografía de ella y de su hija “como si fueran reliquias”. Poco antes de su fallecimiento se casó “in articulo mortis” para así “legimitar a la hija”.
El carácter de Alejandro Sawa, según la investigadora, era “apasionado hasta la exaltación” con un “fuerte espíritu de crítica social y atento en toda ocasión a las injusticias”, algo que, entiende Correa, “condicionó en buena medida su carrera como escritor ya que, según el mismo reconoció, ‘los periódicos se asustan de algo que hay en mis escritos, y que yo no quiero tachar’”.
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