Ayala agradece a Granada por honrarle tras haber padecido «una vida errante»
MATÍAS OCHOA
El escritor agradeció a la ciudad por recordar su figura, en el inicio del congreso internacional en el que participan más de 30 investigadores
Agradezco a Granada por haberme recuperado después de toda una vida errante y de haber pasado por las aventuras y circunstancias a veces más terribles y desoladoras, dijo ayer el escritor Francisco Ayala, en la inauguración del congreso internacional en el que más de 30 investigadores de todo el mundo analizarán su obra y su vida, hasta el viernes en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica.
El ensayista no ahorró elogios para su ciudad natal y se le vio feliz de poder presenciar la primera jornada del encuentro. Sin más, llamó amigos a los asistentes, en su mayoría estudiantes. Desde la desolación más feliz y después de haber traspasado el límite de los 100 años, creo que el tributo más vivo, más importante y más sincero que puedo darle a alguien es el de amigo. Y amigos son ustedes y sobre todo, la ciudad de Granada. Aseguró, además, estar emocionado por alojarse momentáneamente a dos pasos de la casa donde nació y vivió hasta los 7 u 8 años, ubicada en la calle Cristo de San Agustín. Desde mi cama puedo ver el patio del colegio donde estudié, que por aquel entonces se llamaba ´De las Calderonas´, lo que hace que me sienta vivo, manifestó Ayala, más conmovido que nunca por encontrarse en esta ciudad maravillosa.
Tras el breve discurso, el autor de ´El jardín de las delicias´ salió unos minutos fuera del salón de actos para tomar aire, saludó a un señor ciego que le abrazó y le besó la mano, y regresó para presenciar la primera charla, a cargo del catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Granada (UGR), Pedro Cerezo. El docente destacó su lucidez, sinceridad y veracidad, y remarcó que en la sociedad actual necesitamos más que nunca a mentes tan claras como la de Ayala.
Para Cerezo, el congreso, organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Consejería de Cultura, el Ayuntamiento y la Universidad, se convertirá en un legado para el futuro porque ofrece una visión global de la vida del escritor y de una época que él ha sabido fotografiar en su obra. Resaltó, asimismo, la sinceridad radical del autor para afrontar el mundo, virtud heredada de Cervantes, y su capacidad para no quedarse en la contemplación pura de los hechos. Cerezo puntualizó que Ayala fue testigo del ascenso del nacionalsocialismo -en 1929, estuvo becado en Berlín- y de la crisis de las democracias representativas.
La conferencia introductoria dio paso a varias charlas que ahondaron sobre las ciudades donde vivió el escritor. El catedrático de Geografía Humana de la UGR Manuel Sáenz ofreció un retrato de la Granada desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil. Así, detalló que Ayala se marchó en 1922 a Madrid y de allí al exilio, aunque pudo visitar su ciudad natal en los 60. En aquella estadía pudo ver la incipiente expansión urbana, el comienzo de la agresión urbanística. Explicó, además, que el niño Ayala pudo ver la construcción de la Gran Vía, que comenzó en 1895 y terminó a finales de la década del 20. Y tuvo palabras para su abuelo, un catedrático de medicina que contribuyó a salvar varias vidas en la epidemia de cólera que azotó la ciudad en 1885.
En la primera jornada del congreso también participó el catedrático de Historia del Pensamiento Político y Movimientos Sociales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Santos Juliá, quien detalló cómo afectó a Ayala su estancia en Madrid, entre 1922 y 1936. Él se encuentra entre los jóvenes que llegaron a Madrid durante los años veinte con ganas de innovar y romper moldes en todos los ámbitos, explicó. Juliá recordó que el escritor, llegado con 16 años, publicó su primera novela dos años después y se introdujo en los círculos literarios muy pronto, lo que, a su juicio, demuestra que la capital española resulta una ciudad muy acogedora que ayuda a quien tiene algo que decir.
Según Juliá, los años que vivió Ayala en la capital española marcaron de forma definitiva su compromiso con la República y su liberalismo radical, ideas que se encuentran continuamente en la obra de este escritor universal.
Uno de los objetivos del congreso, que se conmemora dentro de los actos del Centenario, es el de aportar nuevas miradas de profesores que no son estudiosos de la obra de Ayala. Es el caso del profesor de la Universidad Humboldt de Berlín Dieter Ingeschay, quien ofreció datos de la Alemania que se encontró Ayala cuando viajó hacia allí para disfrutar de una beca, en 1929. El escritor percibió cómo la crisis de aquel año rompió el equilibrio económico del país y precipitó la destrucción de la coalición gubernamental entre socialistas y populares, que hasta entonces había sido el principal soporte de la República. Ambos hechos ofrecieron las condiciones ideales para el ascenso de los nazis.
Por su parte, la docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata Laura Scarano recordó el exilio del autor de ´Muertes de un perro´ en Argentina, país a donde se exilió al tomar el poder el dictador Francisco Franco y en el cual vivió alrededor de diez años. Allí entabló amistad con Borges, y vio con desconfianza al Peronismo, movimiento político al que le encontraba similitudes con el nazismo.
La jornada finalizó con una mesa redonda en la que el catedrático de Literatura de la UGR Andrés Soria, la escritora Rosario Hiriart, la profesora de la Universidad de Nueva York Helen Anderson, y el docente de centro neoyorquino CUNY Isaías Lerner rememoraron la estancia de Ayala en Puerto Rico y EE UU, donde vivió entre 1950 y 1976, y en donde ejerció como profesor de literatura española.