El gestor discreto se va
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Manuel Martín. Enrique Bonet
Ni un sólo mal gesto. A Manuel Martín, que ha renunciado a la vicepresidencia de CajaGranada, le avala su dedicación a la entidad.
JORGE PARADINAS. Antiguamente se creía y así se manifestaba que la discreción era una virtud de los sabios, de aquéllos que callan aunque sepan, los eruditos que aguardan su momento, que esperan hasta que llega el instante definitivo, el de tomar la decisión, casi siempre la más acertada. Manuel Martín Rodríguez, nacido hace 68 años en El Padul, pertenece a esta estirpe. Su nombre nunca ha sonado en los grandes altavoces provinciales. Alérgico a la polémica y amigo del trabajo, lo suyo ha sido un trabajo callado, fruto del día a día. A l g u n o s caen bien por su simpatía, por su buen humor, incluso por ser entretenidos, pero los encantos de Manuel Martín son otros, los de la persona callada y reservada, pero al mismo tiempo inteligente, calladamente apasionada y sabia en sus decisiones. Un tipo, en definitiva, que da tranquilidad a quienes le rodean.
Virtudes. Estas virtudes le han hecho merecedor de elogios en los sitios donde ha estado, que tampoco han sido tantos. Fundamentalmente la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada y CajaGranada. Se puede decir que en la entidad de ahorro más importante de la provincia lo ha sido todo, tanto presidente –desde 1988 a 1992– como vicepresidente, cargo que ha ocupado con total discreción, siempre a la sombra de Antonio María Claret García, desde 2001. Tan discreto ha sido durante estos años, tan callada su labor –que no menor– que el anuncio de su renuncia durante esta semana a la vicepresidencia de la entidad ha pillado de sorpresa a más de uno, de dos y de tres…
Muchos granadinos apenas sabían de Martín hasta ahora a pesar de ser el número dos de la caja de ahorros en la que tienen sus dineros. Renuncia. Su marcha no tiene nada que ver con ningún tipo de crisis. Los portavoces oficiales apuntan a los problemas de salud de un hombre, ya retirado de la docencia universitaria que ejerció durante décadas, como causa de su adiós. Martín, en cualquier caso, no se va por la puerta de atrás. Nunca podría emprender su partida de esta forma quien, según los que lo conocen desde hace tiempo es “todo un caballero español”.
A pocos puede disgustar una persona como él, discreta y que almacena, entre su larga lista de virtudes, el hecho de ser un amante de la lectura, un estudioso con inquietudes, que se defiende a la hora de tratar temas tan variopintos como la historia, el campo o la meteorología. Un hombre que, además, parece llevar la economía al último extremo y es prudente en cuestión de gastos y, por tanto, también en lujos –cuentan que durante más de un década hizo uso de un modesto Renault Clio para acudir a su despacho–.
Catedrático de universidad. Su rechazo a la notoriedad pública a pesar de ocupar durante años los despachos nobles de CajaGranada quizás no se deba sólo a un deseo de irrefrenable discreción, sino también a que donde más cómodo se siente es en la docencia. Durante más de una década ha ocupado una cátedra de Economía Aplicada en la Universidad de Granada, plaza en la que probablemente por su bondad se le conocía como ‘Manolón’.
Sus ex compañeros en la UGR destacan de él que se trata de un buen tipo sin enemigos, lo que ya es mucho en los tiempos que corren. Probablemente por ello, y por su probado sentido del deber y del compromiso hacia CajaGranada, ha conseguido lo que pocos en esta provincia: reclutar la confianza tanto de Francisco Álvarez de la Chica (PSOE) como de Sebastián Pérez (PP). Y ya se sabe que ponerlos de acuerdo no resulta fácil.