La identificación de los restos de Alfacar se prolongará al menos tres meses
Los trabajos de exhumación e identificación de los restos óseos que se supone están enterrados en las fosas de Alfacar (entre ellos, los del poeta Federico García Lorca) durarán al menos tres meses, según pronosticó ayer el director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, quien explicó que concluir el proceso en menos tiempo es «totalmente imposible para hacerlo con detalle».
En este sentido, el forense comentó que, tras la localización de los seis enterramientos donde podrían estar enterrados los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, así como el inspector de tributos Fermín Roldán, el restaurador Miguel Cobo, el maestro Dióscoro Galindo y Federico García Lorca, ahora se procederá a la segunda fase, consistente en el estudio arqueológico de la zona (para ver el tipo de terreno y cuáles son los métodos de excavación más adecuados). Posteriormente será cuando se pase a la etapa de identificación y análisis genético de los restos. «Son exhumaciones manuales y por tanto son lentas, complejas y en equipo», añadió.
Inicio. Lo que sí está ya fechado definitivamente es el inicio de las excavaciones, que comenzarán mañana por la tarde o, como muy tarde, el próximo jueves, una vez que se concluya la instalación de la carpa con la que se protegerán las fosas de las inclemencias del tiempo y se salvaguardará la intimidad de los familiares de los fusilados, según adelantó la consejera de Justicia, Begoña Álvarez.
Ahora bien, la duración del proceso dependerá, según aclaró Lorente, de las condiciones en las que se encuentren los huesos obtenidos y del hallazgo o no de objetos personales. De ahí que también sea posible esclarecer si el inspector de tributos Fermín Roldán (del que no se conoce descendencia y, por tanto, no existen muestras de ADN de familiares) está enterrado en Alfacar, siempre que se disponga de suficiente información para que antropológicamente se pueda identificar o se localicen junto al cadáver una serie de objetos (como una cartera, un peine o joyas) que permitan la determinación de la identidad del fallecido. «No es estrictamente necesario hacer la prueba de ADN», afirmó Lorente.
Asimismo, el profesor añadió que «cuanto mejor estén los restos y de más datos se disponga, más probabilidad hay de conseguir la identificación, de modo que el estudio de los huesos puede ser desde fácil, si están completos y en perfecto estado, hasta muy difícil, si están afectados y mezclados». Como ejemplo, el encargado de la identificación genética de las fosas de Alfacar recordó que en otras exhumaciones de fusilados durante la Guerra Civil ha habido situaciones donde no se ha conseguido la identificación de las personas en las fosas, otras en las que se ha hecho muy fácilmente y otros casos, «que es lo más normal», donde ha existido cierta dificultad.
En lo que sí insistió Lorente es en que la identificación, por ley, «ha de ser positiva y fehaciente, es decir, no se podrá concluir que es uno de los fusilados por descarte», al haber identificado a los otros cinco cadáveres, y debe haber una convicción moral y ética por parte de los científicos de que el informe es el adecuado.
Ahora bien, el profesor insistió en que se trabajará de forma intensa, sistemática y permanente y aseguró que existe una planificación previa de que el proceso no se retarde por falta de equipamiento o personas. «Los equipos de trabajo son amplios, pero se pueden aumentar o concentrar según las necesidades y circunstancias», expuso.
Pruebas genéticas. En cuanto a las muestras de ADN que deben facilitar los familiares interesados en la identificación de sus parientes, Lorente informó de que se han recogido algunas, aunque la mayoría aún no han sido extraídas, ya que «cuanto más tiempo permanezcan en la persona mejor, porque más vale trabajar con muestras frescas, que tienen mayor calidad, que con las almacenadas». La fácil extracción de las muestras, a través de la saliva, no complica ni dilata el proceso, añadió.
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