Inicio / Historico

«Me sorprende que algunos erasmus tengan dificultad para integrarse»

– Me sorprende que algunos erasmus tengan dificultad para integrarse

Moschos Morfakidis, profesor de griego en la UGR, reivindica la labor del Centro Bizantino de Granada. La institución que preside entregará una medalla a la princesa Irene en noviembre.

Moschos Morfakidis dejó su Grecia natal para venir a Granada hace 35 años, con 18 recién cumplidos y la ilusión de realizar carrera diplomática, después de formarse a conciencia. Estudió todo lo habido y por haber. Completó dos titulaciones y un doctorado y… las cosas de la vida, su destino finalmente fue otro. Se casó con una granadina y acabó como profesor en el Departamento de Filología Griega de la Universidad de Granada. Actualmente, dirige el Centro de estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la capital, el único del mundo hispano en sus características junto al de Santiago de Chile. Le ha tomado tanto el gusto a esta urbe, que asegura que no tiene intención de marchar a tierras helenas tras la jubilación.

–¿Cómo viene a parar un hombre como usted a una ciudad como ésta?
–El objetivo era puramente académico. El tema de trasladarme aquí se debe a que un amigo íntimo de mi padre trabajaba como agregado cultural en la embajada de España en Grecia. Él me dio todas las facilidades. Por aquellos entonces, tenía la idea de ingresar en la Escuela Diplomática e hice estudios en Filosofía y Derecho. Cuando terminé la primera titulación se me agotaba la prórroga del servicio militar. Para que no me reclamaran, pedí una beca de postgrado. Me la dieron y me vinculé al Departamento de Filología. Luego salió una plaza de profesor ayudante y la gané.

–¿Cómo eran las cosas aquí cuando llegó?
–La gente era como en mi país. La fisonomía de las personas, incluso el habla. Hay mucho parecido fonético. La integración fue fácil. Ahora, algunos erasmus me dicen que les cuesta trabajo. Me sorprende que se quejen de esto. No sé si será porque la sociedad española se ha vuelto más cerrada. Oigo muchos lamentos, algo que nunca percibí. La Granada a la que llegué era amable, de ciudadanos muy cariñosos, muy humanos. Si uno se sentía sólo era por no ser capaz de comunicarse con los demás.

-Hacer lo que hizo requiere un gran esfuerzo en la juventud ¿Lo tenía todo tan claro?
–Bueno, por muy marcada que tengas la meta, la vida puede tomar un giro inesperado. Nunca pensé que iba a ser profesor, pues mi idea era la diplomacia. Date cuenta cómo pueden cambiar las cosas por una simple beca.

-Con tanta actividad y un perfil profesional tan variado, ¿de dónde saca tiempo libre?
–Se puede si eres capaz de compaginar el trabajo con lo que te gusta. Si invitas a un compañero a dar una conferencia y resulta que también es amigo y sales a pasear con él y a tomarte unos churros o un café, esto se convierte en diversión y ocio. Además, como nuestra profesión obliga a viajar, cada vez que salgo, aunque vaya por asuntos profesionales, también visito lugares. Como mejor se puede ver un sitio es con la compañía de una persona que lo conozca.

-¿Hay algo especial que vincule a Granada con Grecia?
–Lo que nuestro Centro reivindica es que una parte muy importante de Andalucía y de Granada estuvo relacionada con Bizancio durante casi un siglo. Es una historia de la región muy desconocida, porque se habla más de otros momentos. Nuestro objetivo es mostrar la Andalucía bizantina. Uno de los proyectos que tenemos es organizar una exposición permanente para que todo el mundo pueda acercarse a este tiempo

-¿Qué es y qué hace el Centro de Estudios Bizantinos?
–Es una fundación dependiente del Estado griego. Es un lugar de investigación, por encima de todo. La vocación no es quedarse únicamente en Granada. Queremos dirigirnos a España e, incluso, a América Latina. En todo el mundo hispano sólo existe otra institución de estas características, que está en Santiago de Chile. Se desarrollan varios programas de investigación, algunos de ellos de envergadura. Estamos preparando un gran diccionario de griego-español y toda una serie de volúmenes monográficos –de términos religiosos, filosóficos, de teatro, de peces, de medicina, de plantas…–. Ya ha salido el primero y en breve lo hará el segundo. Es toda una novedad. Además, hemos patentado el nombre de diccionarios de Granada.

-Creo que han tenido problemas con el crecimiento físico del centro, ¿han ayudado las administraciones lo suficiente?
–No es mi intención hacer críticas al respecto. Pensamos, sin embargo, que llegará el día en el que las instituciones se sensibilicen y se den cuenta de que esto es algo que merece la pena cuidar, porque puede dar mucho de sí. Además, todo lo que no crece, lo que no se desarrolla, tiende a menguar y esto es lo que podría ocurrir en este caso, aunque no temo por el futuro del Centro.

-Tienen previsto este año un importante acto en el que participará la princesa Irene de Grecia, ¿no es así?
-Está relacionado con las medallas que otorgamos anualmente. Una de ellas será para el profesor Giannis Hassiotis, el primer hispanista historiador que hubo en Grecia. Va a ver, incluso, un congreso en su honor en noviembre. El segundo premio recaerá en la princesa Irene, en calidad de presidenta de la asociación Mundo en Armonía, que promueve la educación en todo el planeta. Realiza una gran labor en la promoción de la cultura. Estos actos tendrán lugar el 21 de noviembre.

Descargar