Sancho de Castilla no murió envenenado
Un equipo de expertos realiza la autopsia a la momia del Infante, hijo de Pedro I el cruel, que murió en 1370
R. C.
La momia, fotografiada ayer, tras ser mostrada por los investigadores en el Convento de Santo Domingo el Real de Toledo
TOLEDO- Una momia para reconstruir la Historia. Enrique II de Trastámara no sólo mató con sus propias manos a su hermano, Pedro I el Cruel, sino que se le atribuía también la orden de envenenar a Sancho, el primer hijo de éste con Teresa de Ayala, una de las tres mujeres con la que tuvo descendientes más allá de sus tres matrimonios. Un equipo de investigadores, dirigidos por Miguel Botella, lo desmiente. El análisis de la momia del infante precisa que falleció por un proceso infeccioso pulmonar agudo.
El detallado análisis morfológico, anatomopatológico y toxicológico descarta que la causa de la muerte del infante, que falleció en el año 1370 cuando apenas contaba con siete años de edad y cuya posición en la línea de sucesión era intrascendente para la corona, fuera por envenenamiento, como se creía, a instancias de su tío y responsable de la muerte de su padre, Enrique II de Trastámara. «La sospecha es que el infante habría fallecido por muerte natural debido a una neumonía, algo muy habitual en esa época en la que no había antibióticos», según Pedro Luis Fernández, del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Clínico de Barcelona. El director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad de Granada, Miguel Botella, presentó la investigación científica y reconoció que se podrá «reconstruir la cara del niño sin tocar el esqueleto», a partir de una técnica de escáner de superficie, una metodología de visión tridimensional, que se desarrolla en Granada. «La parte externa de la cara está esqueletizada por momentos de humedad -dijo el forense-, pero la interna está muy bien conservada, con presencia de pelo, que es rubio, normal en todas las momias, por la descomposición de pigmentos».
Buena conservación
La archivera del Monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo, sor María Jesús Galán, explicó que la idea de proponer a los investigadores el estudio de los restos del hijo del rey Don Pedro I de Castilla, surgió hace un año, cuando se accedió a éstos durante la restauración del Retablo del Señor de las Manos Atadas, donde se conserva la momia desde el siglo XV, y en el que volverá a ser colocado. «Un lugar muy propicio para su conservación por la ausencia de humedad», según Miguel Botella.
El Infante fue hallado con tres ropajes, uno de seda y otros dos hábitos de la orden dominical y con una hebilla de plata del siglo XVIII, que no fueron los vestidos usados para su enterramiento, ya que se cambiaron en el siglo XVIII «por su deterioro». El convento alberga también los cadáveres de los otros tres hijos de Pedro I y Teresa de Ayala, Diego y María de Castilla.
El médico forense reveló que, según las investigaciones, Sancho fue «amortajado» en «menos de 24 horas» en una fortaleza de Toro (Zamora), donde lo «meten en algún lugar en el que se deshidrata» hasta su traslado al Convento de Santo Domingo el Real. El coordinador de la investigación sobre la momia del Infante Don Sancho de Castilla, y que también dirigió el análisis de ADN de los huesos de Colón, afirmó que sólo tiene una mano izquierda, la cual «está crispada», lo que demuestra que no murió acompañado, pues tenía «rigor calavérico». En la investigación, una de las escasas autopsias de este tipo que se realiza en España con un cuerpo completo momificado, han participado especialistas médicos del Hospital Clínico de Barcelona, la Comisaría de la Policía Científica de Madrid, las universidades de Granada y Alcalá. de Henares y el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha.