Florecen en toda España los proyectos intergeneracionales que invitan a personas de edad avanzada y a jóvenes o niños a compartir actividades o incluso la vivienda. Lo que surgió como ideas para ayudar a los jubilados a estar activos ha derivado en aportaciones enriquecedoras para todos los implicado
De paseo por una ciudad, pueden verse escenas como los niños jugando en el parque; en los centros juveniles, un curso de cómic; los adultos en edad laboral, en el trabajo; los jubilados, jugando a cartas en el centro de día. ¿De verdad viven muchas personas en sociedad o más bien cada una en su cajón, bien compartimentado, contiguo a los demás?
“La edad sigue siendo un motivo de discriminación, aunque no se reconozca y sea muy sutil”, afirma el sociólogo de la Universidad de Granada y coordinador técnico de la red intergeneracional del Imserso Mariano Sánchez. En los últimos años, están floreciendo en España una multitud de programas que relacionan a las personas de más edad con las de otras generaciones.
“La clave es crear una sociedad para todas las edades –explica Sánchez–, y los programas intergeneracionales son una herramienta para construirla. La falta de contacto puede provocar un aumento de las percepciones mutuas negativas.”
Con una buena planificación y formación surgen –y funcionan– ideas como juntar en unos campamentos de verano a internos y a ancianos, o que un grupo de jubilados haga de tutores escolares de niños inmigrantes, o que expliquen cuentos en la guardería de un centro penitenciario de mujeres…
Niños y jubilados en la biblioteca de Coaña
CAMPOS PECULIARES
Los campos de trabajo intergeneracionales de verano y de Navidad de Vitoria son ya una tradición. Se organizan desde hace 17 años y en ellos participan reclusos de las penitenciarías de Nanclares de Oca (Álava) y de Basauri (Vizcaya), personas que viven en residencias de la tercera edad o que acuden a centros de día y jóvenes voluntarios.
En estos campos se desarrollan actividades lúdicas de grupo y de reflexión personal, en el geriátrico y en una casa alquilada en Álava, en el campo de verano. Tertulias, talleres de cocina, manualidades, salidas… Al final de la tarde, los internos vuelven a dormir a la prisión.
Llevan a cabo el programa el Centro Integral de Atención a Mayores San Prudencio, dependiente del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, a través de Sirimiri Servicios Socioculturales SL, y la Fundación Adsis, a través del proyecto Bestalde.
Amaia Egido, responsable del programa en Bestalde, explica: “La idea surgió del deseo de posibilitar la incorporación social de las personas privadas de libertad, que así tienen una experiencia positiva de la libertad con responsabilidad, solidaridad y exigencia”. Olga González, de la residencia San Prudencio, añade que “los jubilados se convierten en agentes de integración, capaces de transmitir ilusión, humanizar y dar responsabilidad”.
NIÑOS Y ABUELOS
En Granada, la asociación Ofecum trabaja desde hace más de diez años en proyectos intergeneracionales, como el programa Mayores Activos en la escuela, en que los voluntarios hacen actividades de refuerzo de la educación de los niños en horario lectivo. O el programa Uniendo Generaciones, rompiendo barreras, en el que visitan la guardería de la prisión de Albolote para compartir cuentos con los que, de paso, transmiten valores a los niños y a sus madres… Siempre son proyectos que cruzan dos conceptos: intergeneracional e intercultural, ligados al envejecimiento activo.
Más de mil niños se han beneficiado ya de estos proyectos, con apoyo institucional y de centros escolares y ONG, y con más de 130 voluntarios. El programa Mentor formó a 12 parejas de personas de edad avanzada y niños inmigrantes. Mediante actividades extraescolares, ejercían como tutores de los pequeños que tenían dificultades idiomáticas, de lectura y de integración. Leían con ellos, de forma lúdica, textos de su curso, hacían juegos de palabras, pequeñas obras de teatro, poesías…
Con el tiempo, se vio que esta interrelación continuada facilitaba a los niños su integración social, recibían afecto y aprendían los códigos culturales del mundo escolar y laboral.
Candela Guirao, coordinadora de proyectos de Ofecum y gestora de programas intergeneracionales, señala que el objetivo de las iniciativas es “mejorar el acceso y desarrollo de la educación entre los grupos más desfavorecidos, ayudando a erradicar el analfabetismo y el absentismo escolar y favoreciendo las relaciones sociales, la escolarización y la integración escolar”.
Taller informático en la comunidad de vecinos jóvenes y de la tercera edad de Alicante
ESPACIOS APROPIADOS
Tanto si las personas de más edad trabajan con reclusos, como con niños o inmigrantes, en todos los programas intergeneracionales se coincide en que es difícil distinguir quién beneficia a quién. La comunicación, la tolerancia, la ayuda… son caminos de dos sentidos.
Un interno participante en los campos de trabajo de Vitoria explicaba: “Lo que más me preocupaba era cómo iban a recibirnos los voluntarios y los mayores, teniendo en cuenta que los convictos no tenemos buena reputación. El sentimiento de responsabilidad es un aliciente para un preso. Es como un desafío de hacer ver al mundo que todavía vale para cosas productivas”.
Uno de los niños del programa mentor de Granada, Luis, de Bolivia, decía: “Me gusta porque me divierto y me aburro cuando no hago nada”. Y Mohamad, de Marruecos: “Me ha gustado mucho jugar y leer y sobre todo cómo me han tratado los demás niños y mayores”.
Los primeros programas intergeneracionales nacieron para paliar la falta de contacto entre muchos abuelos y nietos. Luego derivaron en proyectos de ayuda mutua y a la comunidad. Ahora, explica Mariano Sánchez, se llega a una línea más profunda: “Habilitar espacios pensados para facilitar la relación entre generaciones y revitalizar las comunidades, ya que tenemos una identificación de espacios tan fuerte y tan privativa que no permite que fluya el contacto intergeneracional”.
BUENOS VECINOS
Así, un proyecto que muestra cómo un edificio puede ayudar a las relaciones sociales se desarrolla en Alicante. En la planta baja del inmueble hay un centro de salud y en el primer piso, un centro de día para personas dependientes. En los cuatro pisos restantes, 72 viviendas de protección social en régimen de alquiler. Las ocupan 64 personas mayores de 65 años y 17 jóvenes que, al firmar el contrato de alquiler, se comprometieron a realizar cuatro horas por semana alguna actividad de carácter social con sus vecinos.
Mayte Fernández, responsable del departamento social del Patronato Municipal de la Vivienda de Alicante, asegura que el resultado ha sido espectacular. “Los mayores llegaron como si fuera un edificio para ancianos, y han renacido. Los jóvenes se sienten útiles y responsables”. Las actividades conjuntas, con monitores ancianos y jóvenes dependiendo del contenido, van desde huertos comunitarios en un jardín del edificio hasta talleres de tecnologías, que han dado como resultado la creación del blog de la comunidad, http://plazaamerica.wordpress.com. Incluso organizan fiestas de cumpleaños de los nietos de los residentes jubilados y los jóvenes hacen de cuidadores.
Mayte Fernández agrega que “un joven de cada planta se hace responsable de velar si todos están bien, si necesitan acompañamiento al médico, ayuda para cocinar… Los mayores los tienen de referencia y los jóvenes se sienten buenos vecinos”. El proyecto ha sido premiado por ONU-Habitat como modelo de desarrollo urbano sostenible entre cien ciudades de todo el mundo.